lunes, 18 de mayo de 2015

SOCIAL BLOOD: APLICACIÓN DE LA CRUZ ROJA QUE YA SALVÓ 77 VIDAS

SOCIAL BLOOD: APLICACIÓN DE LA CRUZ ROJA QUE YA SALVÓ 77 VIDAS


La Cruz Roja ecuatoriana y la agencia de publicidad Publicitas Saatchi & Saatchi desarrollaron una innovadora aplicación para telefonía celular que agiliza la donación de sangre al localizar en tiempo real potenciales donantes. A diferencia de los tradicionales llamados a la solidaridad en medios convencionales como la radio y la televisión, esta nueva herramienta se apoya en la geolocalización de los dispositivos móviles y permite encontrar en tiempo real a los donantes. Una vez notificados del pedido, los interesados reciben vía Google Maps la ruta directa hacia el centro de donación más cercano del lugar en donde se encuentran. En sólo 93 días, la aplicación ya salvó la vida de 77 personas. Es decir: una vida cada 28 horas.

CÓMO FUNCIONA LA APLICACIÓN
Una vez descargada, la aplicación conecta el número de serie específico del dispositivo móvil con el tipo de sangre del donante, permitiéndole a la Cruz Roja localizarlo en tiempo real por tipo de sangre y posición geográfica. Cada vez que se realiza un llamado específico, la aplicación cruza los datos y notifica a aquellas personas cuyos perfiles coincidan con los buscados. En ese mismo instante, el donante recibe una notificación y, al aceptarla, se le envía al instante una ruta vía Google Maps que le indica el centro de donación más cercano. La aplicación ya se encuentra disponible para Android en 'Play Store' y para los dispositivos Mac iOS en 'App Store' de Apple.

RESULTADOS AL MOMENTO Y CONTEXTO MUNDIAL
La aplicación comenzó a funcionar el pasado 14 de febrero en Ecuador y, desde entonces, ya fueron salvadas 77 vidas. Una cada 28 horas. De acuerdo con los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 9.3 millones de unidades de sangre recolectadas en América Latina y el Caribe, sólo el 41% procede de los donantes voluntarios. El desafío de la Cruz Roja es generar una red interactiva que permita unir al donante solidario con los pacientes que más necesitan de su ayuda, potenciando la solidaridad y minimizando el tiempo de espera.

VIDEO EXPLICATIVO E INFOGRAFÍA
Se puede descargar acá: http://bit.ly/1ebEUu1

sábado, 14 de febrero de 2015

Adiós al Marqués de la Falaguette, el primer chanchista


El caballero nos dejó su sombra y también su luz. ¡Qué cachetazo me diste, Carón! Marqués de la Falaguette, señor de los bigotes puntiagudos, mi Gran Pez. Guardo el inmenso caudal de palabras que tu despedida trajo a mi cabeza para un número más de Metafrasta: el tuyo, el nuestro, el mejor. Lo despido comandante, con la cabeza en alto y todavía con la convicción de que no soy disidente, sino una simple (y siempre compleja) chanchista. Lo despido haciendo uso de mi título nobiliario, el mismo que me inventó porque "una dama jamás puede salir a la calle sin su título". Me quedan los recuerdos, las palabras, las risas y sus borisvianezcas anécdotas. Pero los guardo porque sé, todos sabemos, que nos volveremos a encontrar cada vez que alguien metafrastee en algún lugar. Brindo por vos Carón, brindo por tus palabras. Por las que dijiste y las que callaste. Brindo porque la muerte sólo nos encuentra cuando nadie pronuncia nuestro nombre. Y en tu caso, querido chanchista (con un toque disidente y también lobista), eso nunca va a pasar. Acá va el brindis de la marquesa vizcondesa demediada, siempre en la búsqueda de algo más, siempre con la palabra adecuada.

martes, 12 de agosto de 2014

Del "pelotudo de Fantino" a Noam Chomsky: un extraño viaje sin escalas



Fantino es un pelotudo”, sentenció ayer con precisión bélica el tachero que me llevaba del Obelisco a la redacción. Pe lo tu do -resaltaría sin tapujos el querido Fontanarrosa-. “Que hable de fútbol y se deje de hacer el serio”, reforzó segundos antes de cambiar a otra AM. El comentario que lo alienó tuvo lugar después de que el conductor de Uno de los nuestros reconociera, durante el pase radial con Luis Majul, su incapacidad de culminar la lectura de la novela Ulises de James Joyce. “Minas en pelotas y fútbol. ¡Qué hace hablando de libros este...!”, sentenció y fortificó así su postura. No hubo más diálogo. Un breve intercambio de miradas, de corte seco y tajante, dejó en evidencia que estábamos en lados opuestos del ring.
La batalla, que como tantas veces libré en silencio, me acompañó durante el resto del día. Ya en el diario y con decisiones editoriales sobre la mesa, no podía dejar de pensar en la vara de medición de aquel hombre. Me aplastó la contundencia de su afirmación. Golpe, cara y cemento. Un knockout de frustración. Aunque el derechazo no me había sido dirigido, tomé toda la violencia del golpe. Porque todos fuimos, somos y seremos el pelotudo de Fantino.
Ocho años atrás, cuando llegó la oferta de comenzar mi camino periodístico junto a Chiche Gelblung, un peso pesado del academicismo periodístico se encargó de ponerme en mi lugar. A mí y a todos mis prejuicios. “No importa si escribís sobre la separación de Susana Giménez o si descubrís un watergate. Tu ética y tus códigos dependen de vos, no de la temática que te asignen. Que sea o no periodismo depende ya de tu rigurosidad”, disparó café mediante. Minutos más tarde, claro, firmé mi primer contrato.
Escribir sobre espectáculos es ingresar, para muchos, en una temática asumida frívola por la sociedad. Aunque los clicks de las webs y las ventas de las revistas evidencien lo contrario, los percances de la vida de Diego Maradona no le interesan a nadie que asuma un mínimo nivel intelectual. El Diez sólo existe dentro de la cancha y, como el abolengo futbolero dicta: la pelota no se mancha. Nadie sabe quién es Wanda Nara y, de más está decir, las únicas conversaciones válidas son aquellas que se debaten entre el existencialismo de Kierkegaard o el de Heidegger.
No conozco a Alejandro Fantino y lo único que me ata a él es el eventual contrato oyente-conductor que nos encuentra cada tanto en algún viaje de taxi o por la noche, ya en la caja boba. Si es un pelotudo o no, eso tendrán que decirlo sus íntimos y, espero, lo hagan a puertas cerradas. Pero, ¿por qué aceptar su descalificación gratuita? ¿Por qué negarle a un periodista la posibilidad de mostrarse en toda la cancha? ¿Por qué el especializarnos en fútbol o espectáculos nos convierte en entes incapaces de analizar otro tipo de realidades? Pocos periodistas, de los considerados serios, sortearon con total naturalidad entrevistas con difíciles personajes como Aníbal Fernández y Luis D'Elía. Pero, para la tribuna, aquel santafesino de trajes arriesgados siempre será el que tiene que hablar de fútbol. Fútbol y minas en pelotas.
“La gente paga por su propia subordinación”, sentencia el gran Noam Chomsky en su libro Lucha de clases. Y a veces, casi sin darnos cuenta, nos adentramos en una peligrosa línea de pensamiento que nos convierte en nuestros peores verdugos. Arriba o abajo del taxi.

jueves, 17 de abril de 2014

Cortázar y Paco Porrúa sobre el "gran cronopio" García Márquez


A Francisco Porrúa y Sara del Pino
Seignon, 4 de octubre de 1966

Llegaron los libros, los leeré este invierno, si le escribís decile que es un gran cronopio y que me conmueve su generosidad al mandarme sus cosas. Los libros describieron incontables parábolas hasta juntarse conmigo, y finalmente Tomás Segovia, de Mundo Nuevo, los mandó a Saignon desde donde los devolvieron a París. Si tenés la dirección de Gabriel, mandámela para escribirle. Gracias. Qué bueno que Sudamericana publique la novela de la que Mundo Nuevo publicó ese capítulo sensacional.

Yo también creo que García Márquez es el meteco ascendente que ves vos. Hacía mucho que no encontraba una prosa tan viva, tan caliente, tan fabulosamente inventiva. Pero cierto que los dos últimos libros de Fuentes, que leí en manuscrito y que están por aparecer, son también extraordinarios, sobre toda Cambio de piel.  

Julio

Cortázar sobre Gabo: "Los más viejos ya nos podemos morir, hay capitán para rato"




A Francisco Porrúa
Seignon, 4 de agosto de 1967


(...) Y, además, en esos cinco días de calma y trabajo, leí maravillado Cien años de soledad, cuyo envío te agradezco inmensamente. Desde luego le voy a escribir a Gabriel (cuyo doble guiñada de ojo a Fuentes y a mí, en sendos pasajes del libro, me conmovió mucho); te enviaré a vos la carta para que se la hagas llegar, porque no tengo su dirección. Qué libro increíble, Paco. En estos últimos años, no veo nada comparable a esa novela y a Paraíso de Lezama Lima en nuestras tierras. Desde Venecia, Fuentes me escribió igualmente entusiasmado. En fin, los más viejos ya nos podemos morir, hay capitán para rato.

Julio

La referencia a Rayuela en Cien años de soledad


“Aureliano, por su parte, no tenía más contacto con el mundo que las cartas del sabio catalán y las noticias que recibía de Gabriel, a través de Mercedes, la boticaria silenciosa. Al principio eran contactos reales. Gabriel se había hecho reembolsar el pasaje de regreso para quedarse en París, vendiendo los periódicos atrasados y las botellas vacías que las camareras sacaban de un hotel lúgubre de la calle Duphine. Aureliano podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que sólo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaban de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hombre, en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidos donde había de morir Rocamadour”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La monstruosa paradoja del amor entre Oliveira y la Maga

Fragmento de una carta que Julio Cortázar le envió a Jean Bernabé, escritor y linguista francés, luego de recibir una crítica tras la lectura de Rayuela. A continuación, el fragmento en donde analizan la tortuosa relación entre Horacio Oliveira y la Maga.


A JEAN BERNABÉ
París, 8 de mayo de 1965

Mi querido Jean:
(...) También creo que usted tiene razón cuando analiza la actitud amorosa de Oliveira. Pero claro que la Maga no es una mujer. Un hombre que busca en una mujer lo que parece buscar Horacio, la irrealiza automáticamente, la destruye como mujer; las catástrofes físicas y morales subsiguientes son un hecho fatal e irremediable. Horacio lo sabe, además, y por eso sus diálogos con la Maga tienen una ironía amarga todo el tiempo, un sabor a cosa ya muerta. Pero a la vez, porque Horacio es un gran infeliz en el doble sentido que le damos a la palabra en la Argentina, está enamorado de esa mujer que él ha convertido en un fantasma. Horacio usa a la Maga como si fuera otro instrumento para su tentativa de salto en lo absoluto. Cualquiera que haya tenido el menor comercio con las mujeres sabe de sobra que es el único uso condenado al fracaso absoluto. La mujer puede despertar en nosotros el sentimiento y la nostalgia de lo absoluto, pero a la vez nos retiene en la relatividad con una energía casi feroz. Pedirle que salte con nosotros es provocar la doble catástrofe. Horacio le pide, a su manera. La Maga responde, también a su manera. La monstruosa paradoja del amor es que, como se dice por ahí, es "dador de ser", enriquece ontológicamente, pero al mismo tiempo reclama un hic et nunc* encarnizado, prefiere la existencia a la esencia.

*Aquí y ahora.

Julio Cortázar, Cartas 1965-1968, Argentina, Alfaguara.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El día en el que Cortázar conoció a Borges (y viceversa)



Fragmento de una carta que Julio Cortázar le envió a su agente literario, Francisco Porrúa, uno de los principales colaboradores del boom latinoamericano del 60'. En su haber, Paco ostenta el título de haber editado Rayuela y Cien años de soledad.

A FRANCISCO PORRÚA
París, 30 de noviembre de 1964

Mi querido Paco: 
(...) No te podés imaginar cómo se me llenó el corazón de azucar y de agua florida y de campanitas, cuando, al cruzar el hall de la UNESCO con Aurora (Bernárdez, su primera mujer) para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Elena Vázquez*, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois. Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla. Mirá, fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte, ahí nomás me dijo: "Ah, Cortázar, a lo mejor, ¿no?, usted se acuerda, ¿no?, que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista, ¿no? ¿Cómo se llamaba la revista, che, cómo se llamaba?". Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez al que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordara con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo. Entonces le recordé a mi vez todo lo que eso había significado para mí, sobretodo porque él me había publicado sin conocerme personalmente, lo que le daba muchísimo más valor a la cosa. Y entonces Borges dijo: "Ah, sí, claro... Y usted a lo mejor se acuerda, ¿no?, que mi hermana Norah le hizo unos dibujos muy preciosos, ¿no?". En fin, che, yo estaba hecho un pañuelo. Después lo escuchamos a Borges en su conferencia sobre literatura fantástica, dicha en un francés excelente, y a los días vino a la UNESCO y les rajó una charla sobre Shakespeare que los dejó a todos mirando estrellas verdes. La chica Vázquez me arracó la lectura de dos cuentos para una emisión de Radio Municipal, y se fueron a España. Por supuesto, los periodistas se ingeniaron como siempre para hacerle decir a Borges cuatro pavadas sobre política, pero qué poco importa, o en todo caso, qué poco me importa.

*Cortázar se equivoca en el nombre: se refiere a María Esther Vázquez.

Julio Cortázar, Cartas 1955-1964, Argentina, Alfaguara.