viernes, 29 de agosto de 2008

Clavate 20 mg y se feliz

La locura puede ser tentadora y eficiente. Muchas veces se presenta en el escenario como la respuesta a las preguntas que todos, y cada uno de nosotros, tenemos. Es un gran escudo que se torna invencible con el paso del tiempo. Un arma de doble filo con la que pocos saben jugar sin terminar desangrados.
Lo más curioso de la locura es la sanidad. Creernos sanos en un mundo enfermo es como creer en la paz mundial cuando lo único que vemos son bombas, sangre y cuerpos descuartizados en un desconocido país asiático. Eso sí, en vivo y en directo desde el lugar de los hechos.
¿Qué sería de muchas cabezas si no existieran esas mentes oscuras e ilegibles? Uno de los pocos descubrimientos que le atribuyo a la psicología es la teoría que habla acerca de la definición individual. Uno es, en función de lo que comprende y analiza como diferente. “Yo no sé que soy, pero definitivamente no soy eso”.
¿Les suena familiar?
Muchos perderían su noción personal si aquellas personas, esos locos iluminados según los denomina John Stuart Mill, no estuvieran en el mundo recordándoles quiénes no son. Pero, ¿realmente existe semejante abismo social? ¿Acaso los extremos no se tocan? ¿No guardamos todos una pequeña dosis de locura?
Estar en el límite es complicado. Saberse una persona cuerda con algunas dosis de locura nos convierte en ese personaje amado o detestado, según quién nos analice. Somos para algunos ejemplos a seguir, hacemos y decimos todo lo que ellos quieren y no pueden. Pero también nos convertimos en un chivo expiatorio complicado y difícil de digerir. Son esas personas con poco vuelo las que se apresuran a condenar aquellas acciones por las que se mueren de ganas de vivir.
Algunas personas nos encuentran superados. Me cansé de escuchar esa frasecita armada y seguramente analizada más de una noche por quién la pronunció. ¿Seremos entonces seres superiores que transitan su paso por el mundo de un modo diferente? No me atribuiría semejante mérito. Creo que la misma sociedad nos obligó, una y otra vez, a aprender a discriminar aquello que vale o no la pena. Aunque es evidente que tenemos nuestros altibajos.
Pero, ¿existe entonces la locura? ¿Conviviremos con seres inexplicables a los que es más fácil medicarlos y recluirlos que entenderlos? ¿Serán ellos las verdaderas cabezas sanas?

Lo único que sé es que me generan asco aquellas personas que van por la vida, sintiendo, actuando, diciendo y experimentando en función de las normas socialmente aceptadas. Me generan acidez estomacal esos engendros que destilan armonía mientras libran un exterminio interno. Para colmo, son siempre los primeros en tirar la primera piedra, aunque no estén libres de pecados.
La línea entre el pensar y el actuar es más ínfima de lo que desearían.
Entonces cerrá tus piernas cada vez que tengas el pecaminoso pensamiento de darle rienda suelta a tus fantasías. Mordé tu lengua para contener la ira, cerrá los ojos para eludir tus propios fantasmas y llená de elogios los oídos para no escuchar tu triste realidad.
Descuidá. Siempre voy a estar acá para que me claves el puñal. Lo que no sabés, es que cada vez me duele menos.