domingo, 24 de mayo de 2009

Oíd mortales

Libertad, libertad, libertad



Para estas fechas, los argentinos dividen aguas y abren eternos e históricos frentes de debate. Si somos o no una sociedad unida, si se contempla la escasa participación de los pueblos originarios, si lo que sucedió en el “histórico cabildo abierto” fue una verdadera independencia o un cambio de poder, si Saavedra, Moreno, Castelli o la putaquelosparió.

Somos una sociedad a la que la idea de la división le resulta muy cómoda. A saber: realistas vs. criollos, unitarios vs. federales, radicales vs. viejo régimen, demócratas vs. golpistas, azules vs. colorados, peronistas vs. gorilas, liberales vs. intervencionistas, etc. Siempre enfilados en esa condicionada manía de separarnos en pos de una idea hegemónica. Siempre ajenos a los matices o a las tintas medias. Es que el gris -el consenso- siempre fue el gran terror de los demagogos.

El primer acercamiento se da, indiscutidamente, en lo que –según se cansaron de dictarme- fue el sueño de Sarmiento: la escuela laica, gratuita y obligatoria. Allí conocimos a aquellas míticas y fuertes figuras de hombres que “lucharon con la convicción que les dictaba su razón”. Bustos, cuadros y estatuas invadieron todos los espacios públicos para marcarnos a fuego la idea de la argentinidad.

Hagamos un poco de memoria y situémonos en la consolidación del Estado nacional (tema de bolillero si lo hay). Inmigrantes ajenos a un proceso de unificación. Escasos habitantes con antagónicas culturas. Resolución: la creación de figuras, símbolos y fechas que unifiquen a la población. Así nació el mito de San Martín y su victorioso cruce de los Andes, la escena novelesca de Mariquita Sánchez de Thompson entonando las estrofas del himno nacional en la sala de su majestuosa residencia, RoZas y su afición por los choclos, Moreno envenenado, Sarmiento escribiendo “las ideas no se matan” en una piedra de San Juan cuando encaminaba su exilio a Chile, caciques analfabetos que poco comprendían las ideas “iluminadas” que provenían de la industrializada Europa, la repartición de escarapelas (rojas y celestes, el primero era el color de la corona y el segundo emblema de los Borbón) por parte de French y Beruti y la lluvia y la gente clamando por una emancipación. Todos unidos en contra de la monarquía española. Todos unidos y apoyados por quienes, pocos años antes, habían llegado a las costas de Buenos Aires para invadirnos. Sí, aquello que los chicos hoy repiten como “lasinvasionesinglesas” cuyo indiscutido headline es el debate sobre si era agua o aceite hirviendo lo vertían los vecinos desde sus balcones. Debate tan poco relevante para la magnitud que tuvieron aquellos primeros enfrentamientos bélicos nacionales.

¿Cuánto de verdad y cuánto de ficción hay en “nuestra” historia? ¿Cuánto de cuentito recitado compramos y repetimos?

Lo que hoy celebramos es la decisión del 1.25 por ciento de la población de la Ciudad de Buenos Aires allá por 1810. Decisión que quedó en manos de la “selecta sociedad” de aquel entonces. A saber: militares, gente adinerada, comerciantes y la primera línea de criollos. El resto, los 35.500 habitantes de la ciudad (y no manejo el total de la población del territorio) quedaron afuera del proceso de decisión.

¿Qué se debatió? ¿Quiénes debatieron? ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué alternativas barajaban estos majestuosos hombres que siempre, pero siempre, pensaron en la libertad nacional?

El condimento era explosivo. Un gran número de criollos (eufóricos tras haber defendido la ciudad de la invasión de uno de los ejércitos más poderosos de ese entonces) excluidos de la dinámica política de la época. Un comercio agobiado y sobrepasado por el contrabando. Una metrópoli que insistía en el monopolio económico. Un enano con aires de grandeza que invadió España y puso preso a Fernando VII. La revolución norteaméricana, francesa y el cántico “libertad, igualdad y fraternidad” que se les había pegado a los ilustrados de aquella época. Todo colapsaría cuando, de la mano de naves inglesas, los criollos comprendieran que preso el rey, Cisneros tenía poco poder sobre ellos mismos.

Si llovía o no llovía es un debate de color. Si los paraguas eran importados de Londres es un condimento. Lo interesante a analizar es que aquella jornada, pintada como un momento de exaltación cívica y patriótica, tuvo poco de pacífica. Manejos, aprietes, análisis y dudas se debatían entre aquel ínfimo pero poderoso porcentaje de la población. Similar a lo que televisaron las cámaras cuando Cobos abandonaba constantemente el recinto parlamentario para luego sentenciar, con voz titubeante, su aclamado voto no positivo. “Al ver que Castelli llega con las armas de Saavedra, los burócratas del Cabildo comprenden que deben destituir a Cisneros, pero dudan de su propio poder. Juan José Paso y el licenciado Manuel Belgrano esperan afuera, recorriendo pasillos, escuchando las campanadas y los gritos de la gente. Saavedra sale y les pide paciencia. El coronel es alto, flaco, parco y medido. El rubio Belgrano, como su primo, es amable pero se exalta con facilidad. Paso es hombre de callar pero luego tendrá un gesto de valentía. Entrada la noche, cuando French y Beruti han agitado toda la aldea y repartido algunos sablazos a los disconformes, Belgrano y Saavedra abren las puertas de la sala capitular para que entren los gritos de la multitud. No hay más nada que decir: Cisneros se va o lo cuelgan. ¿Pero quién se lo dice? De nuevo Castelli y el coronel cruzan la Plaza y van a la fortaleza a persuadir al virrey. Hay un último intento del español por formar una junta que lo incluya, pero Castelli, que tiene 43 años y está enfermo de cáncer, se opone. Los "duros" juegan a todo o nada. Cisneros trata de ganarse al vanidoso Saavedra, pero el coronel ya acaricia la gloria de una fecha inolvidable. Quizá piensa en George Washington mientras Castelli se imagina en la comuna francesa. Su Robespierre es un joven llamado Mariano Moreno, que espera el desenlace en lo de Nicolás Peña”, relata Osvaldo Soriano en Sin paraguas ni escarapelas.

Escriben algunos, por ejemplo, que los ilusos French y Berutti eran, en realidad, los jefes de “la legión infernal”, un grupo apoyado por algunos miembros del regimiento de Patricios que se apostaron en las cercanías de la plaza para determinar quiénes eran los que ingresaban al Cabildo. Esta acción, convertida en una figurita repetida de nuestra historia, condicionó la votación que determinaría la no continuidad de Cisneros en el poder. Otros sugieren que la tan parodiada repartición de escarapelas tenía como principal objetivo poder identificar a quienes estaban del bando de los hombres de armas que ellos mismos controlaban. Pero claro, los textos escolares, aquellos que en última instancia son los que dan el primer acercamiento a la historia y la política, resumen lo sucedido en un relato pacífico y de ensueño.

Si podemos hablar de revolución queda en la conciencia de cada uno. Si debemos o no festejar este día, corre el mismo destino. Si fue una decisión innovadora o una inevitable vuelta de la historia, es pura decisión personal. Pero no seamos ingenuos. No esperemos victoriosos el bicentenario. No nos escudemos más en estos inmaculados próceres para luego sonrojarnos cuando Felipe Pigna, desde el prime time, nos revela que Sarmiento, el duro y testarudo hombre de ideas, no sólo no fue a la escuela sino que también era un incurable mujeriego.


Para que las ideas no puedan morir, primero tienen que existir. Convocar a la reflexión histórica debería ser la consigna nacional.

Al gran pueblo argentino,
salud.

5 comentarios:

Nico dijo...

Lo interesante tb es plantear que es lo que pasa hoy, cual es la situacion actual. mañana pocos van a recordar el 25 de mayo y eso no me quita el sueño. lo que me preocupa es la falta de analisis que hay hoy en la poblacion. asi estamos. asi fuimos. asi seremos.

Carlos dijo...

Maja
Recien hablabamos con mi señora (que por cierto te manda muchos saludos) y nos debatiamos sobre si ibas o no a escribir algo sobre el 25 de mayo.

Gane la apuesta, no voy a limpiar los platos por una semana. Pero mas alla del datito que te acabo de tirar, me resulta interesante aclarar algunos items.

Como profesor universitario puedo afirmar que la mayoria de mis alumnos sigue pensando que French y Beruti fueron una sola persona con doble apellido.

La mayoria de mis alumnos duda cuando uno le pregunta sobre la diferencia entre el nueve de julio y el 25 de mayo.

La mayoria de mis alumnos no sabe quien es el jefe de gabinete ni comprende las atribuciones de un vicepresidente.

Frente a esta situacion te (les) digo: no bajemos los brazos y sigamos con la cruzada de despertar al menos una duda en esas mentes.

Sol dijo...

compremos billiken y armemos el pesebre patrio de carton.

Anónimo dijo...

interesante, por momentos te incluis dentro del grupo de los "argentinos" y por otros hablas desde afuera

Facu dijo...

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado
libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved el trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llantos y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Acá va la totalidad del himno nacional... qué paradójico.