domingo, 28 de junio de 2009

La tortuosa tarea de relacionarse vía Facebook


Asumámoslo. Salvo honrosas excepciones, todos hemos sucumbido ante las garras de la red social. Atrás quedaron los tiempos en los que miraba desde lejos a este extraño fenómeno que, junto con los mails, se convirtió en un indiscutido sitio de visita diaria para quien les escribe.

¿Quién no se encontró alguna madrugada haciendo un test para averiguar qué clase de verdura es? O, peor aún, ¿quién no se encontró husmeando entre las imágenes de aquellos viejos amigos que reaparecieron en nuestras vidas para convertirse en un numerito más del tedioso recuadro de la izquierda?

Pero más allá de las jocosidades propias dignas de un gringo site, esta nueva forma de relacionarse trae aparejadas un sin fin de complicaciones sociales. A saber: ¿Qué se debe hacer cuando un ex aparece pidiendo, casi formalmente, una amistad compartida? ¿Qué se debe hacer cuando aquellos extraños personajes, muertos en el placard según un conocido, inundan la casilla de mail con constantes peticiones de amistad? ¿Qué hacer cuando un entrevistado hace lo mismo?

Inicialmente adopté una filosofía muy estricta con la red. Sólo admitiría a aquellas personas con las que verdaderamente tenía un vínculo. Sin embargo, hay que asumirlo: Facebook es muy aburrido si uno sólo tiene a sus verdaderos amigos en su red. Además, la nostalgia de “qué fue de la vida de…” resulta inevitable cuando un mail nos anuncia que una vieja persona nos ha buscado y nos ha encontrado. Entonces, empecé ser más flexible con las amistades y, casi sin saberlo, comencé a engrosar –nunca de un modo tan desvergonzado como aquellos que lucen miles de amistades- mi cantidad de amigos facebookeros.

Pero la situación se volvió confusa cuando aparecieron, sin aviso ni preparación, personas a las que, por mi trabajo, había entrevistado. Algunas, las menos, con las que había compartido algún que otro viaje de cobertura y esas cosas que me tocan hacer. Inicialmente opté por convertirme en una figurita difícil y descartaba las incesantes solicitudes. Sí, eran incesantes y esto –que quede claro- no me convierte ni en una persona popular ni querida. Las bondades de tener cerca al cuarto poder son importantes.

Pero el tiempo pasaba y las comodidades que otorgaba la red social eran, cuanto menos, importantes. Por ejemplo: haciendo un simple click, uno tenía conversación directa con el personaje sin tener que acudir a la prensera ni a su secretaria. Era un lujo que, si bien traía aparejados muchos beneficios, me exponía entera. Sí, el intercambio de imágenes vía red social era la forma más práctica de socializar el material fotográfico con mis verdaderos amigos.

Entonces tomé una decisión. Eliminé el sin fin de imágenes que había subido y me desetiqueté de la mayoría. Con menos exposición, comencé a aceptar estas solicitudes y a enviar –ya que estaba en el baile iba a bailar- varias más. Y ahí comenzó la tortura. ¿Cuáles son las atribuciones que uno, como “amigo en facebook”, tiene para con estos personajes? ¿Resulta correcto comentar algún estado o imagen compartida por el usuario? ¿Sería un abuso de confianza hacerlo? Después de todo, fueron ellos quienes se acercaron con la formal invitación.

Bien, hasta aquí nada del otro mundo. La eterna disyuntiva entre “conveniencia mutua” o “amistad condicionada”. Por que sí, con algunos de ellos podría decirse que existe un mayor nivel de confianza similar al que uno tiene con aquellos “amigos de amigos”. Sin embargo, frente a la curiosidad de retrucar algunos estados, uno se replantea si es correcto o no comentar en el muro de aquella persona. Siempre manteniendo el límite de hacer oídos sordos a aquellos escritos personales que el usuario, desde su propia óptica, decidió subir a su red.

Y ahí es cuando uno cae a la realidad. Facebook está reordenando las relaciones humanas a un extremo inconcebible. Hoy es más complicado aprender las nuevas conductas sociales que llamar a una prensera y pedirle una entrevista con su apoderado.

8 comentarios:

Un colega dijo...

jajaja
se puede decir que facebook y twitter rediseñaron las formas de relación entre entrevistado y periodista.
Me pasa lo mismo Mandie!

Luciana B dijo...

Si a veces es complicado saber como uno se tiene que manejar en facebook. buen posteo.

Nico dijo...

Eso te pasa por pertenecer al cuarto poder.

Ale dijo...

Facebook cambio todo. Lo del ex que te pide la amistad es tal cual

Juli dijo...

Vos dale "ok" a todo y listo.

Anónimo dijo...

Perdon, perdio Kirchner???

Maru dijo...

Quien no ha hecho el test de que clase de verdura es?

jajaja

Hernán dijo...

Mi estimada, he ahí tu problema. La frontera que delimita lo laboral de mi vida personal es infranqueable. Recordame que te cuente los malabares que he hecho para mantenerla.

Aunque claro, no soy no por asomo tan popular.