sábado, 11 de julio de 2009

Sobre la vida y los patéticos mensajes publicitarios femeninos



Lucía, 28 años. Podóloga.

Hace un mes le diagnosticaron cáncer a su mejor amiga pero ella no habla de eso, todavía no lo asimila. Le robaron siete veces: dos en el subte, una en el tren, tres en la calle y una en un parque de diversiones justo antes de subirse a la montaña rusa.  Vomitó durante quince minutos cuando bajó. Está en pareja con Nicolás. Juntos pagan un alquiler que, este mes, aumentará un 120 por ciento. No saben cómo van a hacer para pagarlo. Durante los últimos cinco meses no hizo más que trabajar horas extras. Sus amigas le recriminan que no las ve. El papá de Lucía falleció hace cinco años en un accidente de tránsito. El juicio sigue en pie y, según adelantaron los abogados, es muy probable que el culpable salga libre por “buena conducta”. Lucía hace terapia. La semana pasada se preguntó cuándo fue la última vez que se compró algo para ella. No cuentan las medias que consiguió por tres pesos en el tren y que, por supuesto, se agujerearon a los cinco días. Entre todo, sufre el flagelo de los “rizos no formados”. Sufre por no poder controlarlos. Le quita el sueño no poder lucir su “strapless”.

Por eso, y mucho más, Lucía usa Sedal.

Pese a que nunca le quedó el pelo como a la chica del aviso.

Mariana, 32 años. Gerente de marketing de una multinacional.

La semanapasada ascendieron a su compañero. El mismo que no logró mejorar su grado de efectividad en los cinco años que trabajan juntos. Sufrió el acoso laboral de un ex jefe que, después de recibir una negativa, la despidió de la empresa. Hace un año terminó su relación con Felipe, su novio de la adolescencia. Ella no quería formalizar, él sí. Ahora su ex comparte su vida con “Luli” (su mujer) y con Santino (su hijo de tres meses). Hagan el cálculo. No se habla con su padre desde la adolescencia. Su madre, en cambio, lo único que hace es recriminarle cuestiones tales como la efectividad de los óvulos post treinta y su incapacidad de recomponer su relación con Felipe. Las amigas de Mariana son pocas pero muy cercanas. Se juntan todos los jueves a cenar aunque jamás hablan de temas trascendentales. Este año tiene planificado un viaje por todo Europa. Sola, sin ningún acompañante. Entre tanto, Mariana no puede controlar su pelo. Le cuesta dormir y se pasa las horas que no tiene para poder emprolijarlo.

Por eso, y mucho más, Mariana usa Sedal.

Pese a que nunca le quedó el pelo como a la chica del aviso.

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