miércoles, 3 de marzo de 2010

Cómo #levantarseminitas en dos minutos

Aquellos que me conocen saben que tiendo a caer por el tipo que no es lindo, o al menos no de un modo convencional. Esto no se debe a una declaración de principios anti sistema, sencillamente es parte de mí. Es una elección tan superficial como considerar a Brad Pitt un buen ejemplar masculino.

Esta lata autorreferencial viene a cuento de lo que me sucedió hoy –o ayer, dependiendo de cómo se corte el día- mientras aguardaba que el tren saliera de la terminal. Como me quedé más tiempo en el trabajo por haberme demorado en la UBA, viejé sin mi acompañante de todos los días aunque, dada mi imposibilidad de “pasar el tiempo sin hacer algo”, decidí frenar por uno de los puestos de “diarios y revistas” de Retiro y hacerme del libro de la Barcelona. Estaba ahí. Concentradísima con los negros titulares de la publicación cuando de pronto veo que un hombre –joven en sus treintas- se levanta de la hilera más lejana y se aproxima a una mujer que llevaba un cochecito.

Joven: ¿Querés mi asiento?

Mujer: No, muchas gracias.

Acto siguiente, el ahora codiciado ejemplar masculino volvió a su lugar con todas –absolutamente todas- las miradas de las mujeres que compartíamos vagón. No era lindo. No vestía bien. Ni siquiera tenía un tono de voz ratonero. Era uno más del montón que, tras un simple acto, nos ganó.

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