miércoles, 21 de julio de 2010

Hippa y yo, en una batalla por la decoración del PH

Con “Hippa” tenemos un problema de estilos. Mientras que ella abraza y muere por cualquier cosa que tenga muchos colores y texturas, yo disfruto del minimalismo acérrimo y del blanco en cualquier espacio decorativo.

Anulados ya los platos cuadrados BLANCOS, ambas fuimos cediendo en diferentes aspectos y elementos que, hasta ahora, lograron un armonioso balance que dista de nuestros antagónicos gustos estéticos.

Para armar el PH, decidimos dividirnos las compras. En parte, porque –aclaro- no somos pareja y no planificamos vivir una década juntas y, además, porque ninguna de las dos ostenta una significativa cuenta bancaria.

De ahí, el cuasi libre albedrío que recibí para poder decorar el living –área que me tocó-. Los conceptos a seguir fueron, de su parte, que invite a la fiaca. Anulamos, así, cualquier tipo de sillón minimalista o butacón de aluminio palermitano.

Logramos equilibrar los gustos con un sillón que es muy relajado pero que mantiene una línea estética retro que combina con los dos silloncitos setentosos de los que me enamoré cuando fuimos a comprar la mesa de la cocina –que no es blanca, ni despojada de detalles-.

¿En qué coincidimos? En una mesa de café, de estética retro, que mágicamente fue encontrada por sus ojos. “Me gusta”, me miró esperando que yo, como finalmente terminé haciendo, le dijera: “La quiero”.

Cambiamos la hamaca paraguaya por una mesita con sillas para el balcón terraza. Equilibramos el minimalismo prediseñado de la cocina con una mesa de estilo y sillas de madera. Evitamos el cuadro del pene gigante y lo cambiamos por los dos rectangulares que hoy decoran mi dormitorio.

La guerra por la decoración llegará, quizás, el día en el que tengamos que vaciar todas las cajas y acomodar los adornos que, claramente, detesto.

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