viernes, 30 de julio de 2010

La mudanza, a la vuelta de la esquina

O, para ser exactos, a quince cuadras del nido familiar.
¿Dependiente, yo?

Sí, después de muchos idas y vueltas; después de tantas fechas incumplidas por el señor arquitecto; después de haber abierto y cerrado cajas a lo pavote: me mudo gente. Y el temita, claro, se está convirtiendo de a poco en el centro de mi vida.

Sonó el teléfono. Hippa, desde el otro tubo, me tiraba la buena nueva: It's done. O, para los que consideran que emplear términos en inglés es de "vende patria", ya está terminado el famoso PH.

Después de contarle la noticia a cuanta persona me encontré por el msn, redes sociales y teléfono, miré mi cuarto. Ahí estaban: las cajas semi abiertas, la biblioteca íntegramente ordenada pero sin embalar y los placares, oh santo dios, todavía sin el menor índice de haber sido, al menos analizados, para el gran día.

Todo por hacer. Es que con el bendito tema de que "nos mudamos en febrero/marzo/abril/mayo/junio/julio", siempre terminábamos resignadas y acordábamos no hacer nada hasta no tener la fecha precisa. El objetivo, como verán, era no embalarse. Chiste obvio, pero quedó justito.

Con la fecha que nos corre, puedo decir que hacer orden dentro de mi orden -al que no haya tenido el placer de conocer mi morada: tengo serios problemas para incorporar el desorden a mi vida. La vida sentimental, claro, es otra cosa- se convirtió en algo muy similar a abrir un viejo baúl de recuerdos.

En el día de hoy, desarrollaré el temita de la correspondencia. Aunque muchos no me crean capaz de hacer semejante cursilería, les digo: sí, yo también tengo una cajita en la que guardo todas las cosas que alguna vez me escribieron. El problema, claro, es que no discriminé jamás.

Podríamos decir que encontré, en el fondo del placard, tres o cuatro cajitas de importante tamaño en donde descubrí viejos papelitos del primario, eternas cartas para el día del amigo y, lo que a todos nos interesa, las cartas de los ex.

Las miré y lo primero que pensé fue: "Qué bueno haber salido siempre con flacos que tienen buena letra". Pero, claro, leerlas todas iba a ser como atravesarme un puñal hasta el fondo del riñón para luego sacarlo, auto-convencerme de que no quiero a ninguno y volver a los psychos actuales que, claro, ya no escriben cartas, ni prometen amor eterno.

Aquí una gran duda, ¿los chicos ahora no escriben cartas o es que simplemente la vejez nos hace olvidar ese detalle cursi, meloso e inconfesable? Es que después de todo es muy chistoso leer un "te amo" de alguien que no ves hace mucho o un "sos única" de alguien que no dudó ni un instante en tildarte de "loca" antes de cerrar la puerta de un saque.

Ahí estaban. Una por una. Una gran panzada de azúcar cubierta de chocolate. De fondo, claro, sonaba un viejo compilado de temas que me hizo mi primer novio. Y de pronto la encuentro: la flor disecada. Vamos, si hay que caer en el lugar común, la hacemos con todos los clichés.

Remover el pasado estuvo bueno. El dilema a plantearse es: ¿seré capaz de tirar todas esas historias a la basura o las guardaré en una caja para en una década volver a sentir el vértigo que experimenté esta tarde?

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