sábado, 21 de agosto de 2010

Cuatro años atrás...

Cuando empecé este blog era una chica tan prolija. Cursaba dos carreras. Ambas las manejaba con una facilidad asombrosa. Llevaba dos años de noviazgo estable. Mi familia lo había adoptado como uno más y la suya me resultaba amorosa. No tenía conflictos con mis suegros, ni con mi cuñado.

Lo tenía todo planificado. Después de recibirme en TEA iba a cursar cuarenta y cinco materias por cuatrimestre para alcanzar la licenciatura en letras en tiempo récord. Hasta entonces, cumpliría con un máximo de tres por período -el promedio avanzado-. Después, para dolor de cabeza de mi compañero de ese entonces, me embarcaría en un viaje a Estados Unidos para completar mi formación en Yale o Columbia.

Cuando comencé este blog, creía en el periodismo y soñaba con la posibilidad de ver mis palabras publicadas en algún lugar que no fuera este espacio. Me ilusionaba la idea de trabajar en un diario de papel -denostaba todo lo que tuviera que ver con lo digital- y mi hobbie era deambular por las librerías del centro para encontrar nuevos títulos de Boris Vian.

En esa época, recordaba el calendario académico porque lo llevaba grabado en la frente. Sabía muy bien cuántas semanas faltaban para que comenzara el período de parciales y cuántos textos me quedaban por leer. Compraba todos los apuntes sugeridos, no por estudiosa, sino porque disfrutaba de las tardes de lectura y mate.

Cuando comencé a escribir este blog, era una chica estable. Disfrutaba de mi acomodada agenda, me hacía un tiempito para poder ver a todos mis amigos y, por las noches, disfrutaba de la compañía de mi novio.

En aquel período mis preocupaciones se limitaban a saber si entraba tal o cual texto en un parcial, si había conseguido o no la fuente para la nota de TEA y si mi novio iba a estar disponible esa noche. El resto, me resbalaba.

Pensaba que la incursión laboral iba a ser algo que llegaría más adelante, en mis entrados veintes, y disfrutaba de la contención del nido familiar. Recibía una determinada cantidad de plata en calidad de mesada y, lejos de preocuparme, gastaba con la medida tranquilidad que me daba saber que Madre me iba a ayudar en caso de que se me complicase llegar a fin de mes.

Cuatro años atrás, me regalaba tardes enteras para caminar por Buenos Aires y retratar cuanto paisaje me llamara la atención. Mi agenda era ajustada pero me las ingeniaba para sentir que contaba con una libertad que el secundario, con sus estrictos horarios, no me había dado.

El Rojas era mi segundo hogar. Cursaba cuanto taller me resultaba agradable y sumaba, sin temor a no llegar, pilas y pilas de textos que engordaban mis carteras, en su mayoría hipponas, por si esa tarde conseguía un hueco en el itinerario y disfrutaba del sol de alguna plaza porteña.

Cuando comencé este blog, mi ideología estaba a flor de piel. Bastaba hablar dos segundos conmigo para que quedase bien en claro qué pensaba y por qué lo hacía. Cualquier adulto sin ningún tipo de preocupación social se convertía en el perfecto estereotipo de oficinista gris que merecía mi total e indiscutido repudio.

No fumaba tanto, estaba considerablemente más delgada y mi cutis era impecable. El máximo de abstinencia sexual era de tres días y, ese, era un grave problema que le relataba a mis amigas cada vez que las veía.

Planificaba mi vida de a dos y todos hacían lo mismo. Las invitaciones para casamientos o fiestas de quince llevaban dos nombres, las reuniones masivas incluían a mi compañero y en casa siempre había un plato más por si decidíamos quedarnos y no salir.

Mi bisabuela no me torturaba con mi vida amorosa, era el máximo ejemplo de la hija prodigio, en casa no sabían que fumaba -en realidad se lo imaginaban- y mi reproductor de música colapsaba con canciones de protesta.

Cuando comencé a escribir este blog, me enamoraba la idea del futuro. Qué paradoja.

1 comentario:

Antonia Cossio dijo...

"Me gusta", puse, pero sólo xq me gusta q lo hayas escrito. Y está bueno hacer un balance, pero tbn está bueno ver la contracara, es decir, todo eso q llegaste a ser en estos 4 años. No sólo no es poco, sino q además tiene mucho de bueno.