sábado, 21 de agosto de 2010

El hombre ideal

"Me parece que en cualquier momento me voy a la mierda", dijo él mientras se levantaba de su escritorio para revivir el mate que había muerto hacía, por lo menos, dos horas. Para su sorpresa, las mujeres que lo rodeamos respondimos con un arqueo de cejas y exclamamos, casi como liberándonos: "Buenísimo, entra alguien nuevo a la redacción".

Consciente del juego que había abierto, volvió a su escritorio y nos instó a elaborar una suerte de perfil para el nuevo empleado que, por decreto, tenía que ser hombre. Todo, claro, después de haber realizado un conteo de sexos en la redacción y, pese a que somos superadas ampliamente por la platea masculina, logramos imponernos y exigir la incorporación de un nuevo "chongo" al que le diríamos, sólo en público, "compañero nuevo de trabajo".

Mientras él guiaba la charla, comenzamos a establecer los ítems a cumplir aunque, por suerte, los perfiles que buscábamos eran completamente antagónicos. "Tiene que ser morocho", dije sin conseguir demasiado apoyo. "Que tenga auto propio", pidió otra. "Que no supere la barrera de los 35", supliqué y aclaré: "Y en lo posible que no esté casado".

"Que tenga buen humor", detalló una. "Y que sepa escuchar", especificó la otra. "Que no use gomina ni gel", anoté. "Que se demuestre interesado pero que no sea obsesivo", indicó ella. "En lo posible, que no haya terminado una larga relación hace poco", destacó una. "Y si la terminó, que lo tenga bien superado", pedí.

Mientras los pedidos seguían, él escuchaba cauteloso, como quien logra finalmente invadir la mente femenina en su máximo apogeo y sin ningún tipo de traba social. "Atenti con el tipo de música que le gusta", advertí. "¿Por qué?", preguntó una.

"Imaginate que te pasa a buscar. Vos estás divina. Pasaste tres horas eligiendo el vestido. Te depilaste íntegra. Te maquillaste cuatro veces hasta dar con el look adecuado. Bajás hecha una reina. Abrís la puerta y te subís a su auto. Te mira. Todo viene divino y de golpe saz", relaté. "Y, qué pasa?", preguntaron al unísono las chicas en la redacción. "Estás hablando tranquila y decide encender el equipo de música. De pronto, suena a todo lo que da el último tema de Ricardo Montaner. Cagaste, te querés matar", completé.

Para sorpresa de todos, la voz de la experiencia femenina de la redacción abandonó su silla y aclaró: "Esa te la vez venir". Lo mejor, según la decisión democrática, era evitar encender el equipo de música y continuar con los pedidos más existenciales y básicos. "Tiene que saber escuchar", dijo ella. "Claro, pero no tiene que ser pesado. Lo ideal es que te entienda casi sin necesidad de hablar", retrucó otra.

Silencio de tumba. Todos, atentos a la situación, pensaron lo mismo. "Chicas, si ese pibe no se la come yo les juro que me hago puto", sentenció él y, claro, dejó en evidencia una gran verdad femenina: el ideal masculino no es más que un homosexual carilindo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

debo confesar..que cuando subí a su auto, encendió el Estereo y tenia puesta "FM 102.3 ASPEN" ..sinceramente?.., lo amé en ese instante..
Peluffa