viernes, 15 de octubre de 2010

Amor verdadero y sus derivados en tabaco


No soy de hacer estas cosas. De hecho, para lograrlo, suelo tener que abrazarme más de una hora a cualquier bebida alcohólica. Pero ahí estaba. Después de una mañana repleta de doctores, llegaba finalmente a casa. Antes, una última parada para comprar cigarrillos.

Lo vi, me sonrió. Pensé que debía ser algún tipo de respuesta empática frente a mi cara de destrucción. Le respondí la sonrisa con una mueca. Se acercó y empezó un breve chamuyo que duró hasta que el vendedor finalmente se dignó a atendernos. Pedí mis Gitanes, pagué y aguardé a que él hiciera lo suyo.

Abrió su boca y dijo: ¨Te pido unos Lucky convertibles".

No lo toleré.
Hasta ahí llegó mi amor primaveral.

Dije adiós, aceleré el paso y mientras me acercaba a casa me prendí un verdadero cigarrillo para esperar la llegada de un verdadero hombre.

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