sábado, 18 de diciembre de 2010

Silencios

Te prendés el cigarrillo. Así, de la nada. Con todas las ventanas cerradas y un microclima asfixiante, vos te prendés un cigarrillo. Te miro. Sigo ahí, en donde quedé por casualidad. Recostada sobre tu pecho, miro de reojo tu boca y el humo que se divierte con tu mentón. Tu cara de satisfacción me roba una carcajada. Te reís por ósmosis y te apoyás sobre la pared. Ahí te sigo y me prendo mi cigarrillo. No hablás. Estás callado. Pero tu mano sobre mi vientre me dice que está todo bien.

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