lunes, 7 de noviembre de 2011

Fuimos

“Hay como una atmósfera de fin del mundo”, dijiste mientras apagabas de modo brutal el cigarrillo antes de entrar al café. Asentí con la cabeza. Después de todo, ambos sabíamos qué era lo que iba a suceder. Elegiste la mesa del fondo, la misma que ofició de primera cita cuando, por esas cosas de la vida, nos encontramos sin buscarnos. Esa noche te atreviste a llamarme Maga y tu descaro me encandiló. De pronto, el mozo interrumpe nuestro lapidario silencio. Juntos, aunque ajenos, nos las ingeniamos para no pronunciar ninguna palabra desde que entramos. Me pedí un té, como siempre. Vos preferiste un café, no sin antes exigirle al mozo que lo cargue con algún licor. Sabías, sabíamos, qué era lo que se venía. Tus manos te delataban. Los pequeños bollos de papel alrededor del atado de cigarrillos graficaban tu desconcierto. Yo, mientras tanto, arqueaba la mirada para evitar el contacto y así resolver del modo más tajante posible la situación. Me miraste, buscando la condena. No pude hacerlo, necesitaba, al menos, tener algo para entretener la mirada mientras dictaba nuestra fecha de defunción. Hablamos del clima político, de las desventuras profesionales, las crisis éticas y hasta recordamos viejas épocas, no tan lejanas en el tiempo, en las que por poco sentimos que podía llegar a funcionar. Tu mundo, el mío y esa idiota manía de pensar a futuro. “Basta”, exclamaste con justa razón. Cerraste el puño, gemiste y me miraste a los ojos. Fue tu ultimátum. Y yo, que no dejo de ser una tonta sentimental, tuve que decírtelo: fuimos tan sólo una máquina de imaginar falsedades.

2 comentarios:

Ricardo Capara dijo...

En pocas palabras, una larga historia de desencuentros.

Anónimo dijo...

aunque dura, siempre voy a recordar tu mirada. será en otro momento, será en otra vida. pero será.