sábado, 7 de enero de 2012

El matadero

*Este texto no tiene raíz ni relación con el relato de Esteban Echeverría.

Escaparse de uno mismo, de lo que siente, de lo que cree, de lo que lo define, de lo que le da la garantía de estar vivo. Refugiarse en la nada, en una fantasía ajena a lo concreto, en una vida superficial carente de preguntas cruciales, de dilemas existenciales, de encrucijadas pensantes. Vivir, pasar, patear, mentir, flaquear y sonría que lo estamos vigilando. Mantenerse siempre en el carril derecho, no pasar de sesenta y sonreír cuando otro lo encierra. Seguir, seguir siempre para adelante, sin siquiera preguntarnos un segundo el por qué. Abandonar ese lado del camino, tan melancólico y oscuro. Amigo y enemigo íntimo de los fuertes. Ajeno a la debilidad. Proclive a la tristeza. Prohibirse mirar la ruta, apreciarla y, sobre todo, cuestionarla. Es ir, sencillamente ir, hacia una condena más dolorosa, hacia la nada misma, sin siquiera plantearnos la posibilidad de un volantazo a tiempo. Similar a la vaca cuando, ingenua, transita sus últimos minutos hacia su baño de sangre final: el matadero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces el camino se cuestiona acompañado. Permitime tu carril izquierdo. Te extraño.