domingo, 8 de enero de 2012

Touché

Dale, dejate de pelotudeces. Te miré. Te miré fijo. ¿Pelotudeces?, pregunté indignada. Acababa de abrir el baúl de las emociones rotas, de las inseguridades a flor de piel. Te vomité todo, absolutamente todo. Enumeré mis falencias, desnudé toda mi miseria. En el fondo, busqué espantarte. Escudos, excusas y más excusas. Saqué la artillería pesada y ataqué sin piedad. Detallé, una por una, todas las cosas con las que te iba a lastimar. Pero tu reacción no llegaba. Inmóvil, aunque atento, escuchaste la batería de argumentos hasta el final. Ahora: tu turno. Le diste una seca profunda al cigarrillo, rodaste por entre las sábanas todavía tibias y apoyaste mi cabeza en tu hombro. ¿Terminaste?, retrucaste y atacaste mis costillas sin piedad. Cosquillas, touché.

1 comentario:

Ger dijo...

sábana quemada...