sábado, 26 de mayo de 2012

Bienvenidos a Constitución


Constitución tiene ese nosequé. Es un gris condimentado con extrañas fusiones de olores irreconocibles para una chica bien de Belgrano. Primero, el sudor acumulado en la estación central que recibe trenes y subtes. Pasos más tarde, algunos metros que por momentos se hacen interminables, se aproxima una nube de frituras que amalgama desde tortafritas, hasta hamburguesas. Listo y al paso, dirá el hombre detrás del mostrador. De pronto, las puertas de ese mundo de asfalto corroído se abren y, con él, ingresa el olor a la libertad, la primera ráfaga de viento que recibe la cara después de varios minutos. Impagable, inclusive en la época invernal en donde el microclima del transporte público nos regala cinco minutos de goce perverso. Superada la caravana de cabezas caídas y ensimismadas en sus problemas, la garrapiñada se aproxima, se impregna en nuestros sentidos y, pese a que las chicas bien de Belgrano no comemos nada que provenga de un puesto callejero, la tentación nos invade. El deseo de prostituir los valores de clase y traicionar las costumbres se hace intenso. Cada vez más. Caminamos más lento, aprovechando el goce perverso que nos sugiere la rebeldía de la aproximación al fruto prohibido. Cruzamos la vereda y sincronizamos nuestros movimientos con cautela. Cartera en mano, auriculares escondidos. Los tacos esquivan las mentirosas baldosas partidas que, en los días de lluvia, han arruinado más de un atuendo con ese líquido negro que, rogamos, sea sólo tierra y agua. Sólo tierra y agua, te repetís por cuadras, sólo tierra y agua, resignás. El puente de la autopista te recibe. Una garita, siempre vacía, te reconforta por momentos. Que dios (niego la mayúscula) te bendiga, repiten sin cesar mientras el monedero, antes cargado de culpa burguesa, se va vaciando. Dios (mayúscula obligada), repetís por dentro. Dios ha muerto, insistís por lo bajo. O mejor, dios jamás existió, reforzás. Nietzsche, Nietzsche, Nietzsche. Manual, manual, manual. Y es que, en el fondo, sos del ala progre de Belgrano. La que aprendió a sustituir a la religión por valium, prozac, alplax o cualquier pasta de moda que recomienda el psicólogo de turno. Bienvenidos a Kosovo, dirán los adeptos al Tea Party. Bienvenidos al mundo, dirán otros resignados. Bienvenidos, da igual.  

1 comentario:

Luciana B (y Nico, que acota desde la cocina) dijo...

"La que aprendió a sustituir a la religión por valium, prozac, alplax o cualquier pasta de moda que recomienda el psicólogo de turno". Insuperable enana.