viernes, 28 de septiembre de 2012

Dos cuerpos



Todavía dormías cuando prendí el cigarrillo. Pensé que el ajetreo de desenvolverme de tus brazos te iba a despertar. Pero seguiste tranquilo. Tu cuerpo cayó con peso muerto sobre las sábanas. Di la primera pitada, miré el techo y te contemplé. Pálido, desnudo. Con la vulnerabilidad y el misterio que sólo concede ver al otro dormir. Miré tus párpados cansados, agarré tu mano y la puse sobre mi vientre. Quizás por costumbre, te atreviste a regalarme dos, tres caricias poco sincronizadas. Sonreí. El cigarrillo se consumía, lo consumía, me consumía. La ceniza usurpaba la función de la aguja del reloj. El tiempo pasaba y vos, inmóvil. Tan puro, tan nada, tan tanto. Suspiré. Tu mano acompañó el movimiento de mi cuerpo. Te miré de nuevo. Vacío mental, hoja en blanco, placer instantáneo. Sólo vos y yo. Despojados de ropa, necesitados de mambos, sedientos de miradas. Dos cuerpos abandonados en su última posición yacen en un dormitorio. Batalla ganada, batalla perdida. Le di otra pitada al cigarrillo y procuré desviar el humo. El tiempo seguía corriendo, se consumía el tabaco y ahí, en ese instante, descubrí el placer de encontrar en tu dormida presencia, una parte de lo que andaba buscando.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muero por despertarme abrazando tu vientre

Nico dijo...

suena tentador. debés tener los ojitos re chinos cuando recién te levantás enana.

Anónimo dijo...

ME ENAMORE

La señora de arriba dijo...

fumar en la cama, todo muy romantico pero vas a prender fuego todo querida, no tenés una gota de criterio vos no?!!?!?!
PD: a ver si le aflojan a los gritos o empiezan a jugar con mordazas q no pude pegar un ojo en toda la noche.