viernes, 28 de septiembre de 2012

Periodismo por no periodistas



Para quienes trabajamos con las palabras, reconocerse en un texto es algo instintivo. Un latiguillo o un remate bien gastado nos basta para saber que ese texto lleva nuestra impronta. Algunas veces, no siempre, nos sorprende la hermandad del discurso y entendemos que es momento de volver a pulir nuestras plumas. Obviar los lugares comunes, proseguir en la búsqueda de la unicidad. Otras, en cambio, nos enfrentan a la existencia de un plagio. Liso y llano plagio.

Hace ya algún tiempo, experimenté un déjà vu periodístico. Encontré una nota propia en un portal para el que no trabajo. No puede ser, pensé indignada. Entiendo el acelere de las .com, lo he vivido, pero esto es un extremo, insistí descreída. Agarré la edición del diario que sí me paga un sueldo y comparé las líneas. Iguales. Absolutamente iguales.

Como tengo cercanía con quienes editan el portal, decidí comunicarme con ellos. Mirá, sé que no es una nota importante, de hecho es bastante pelotuda, pero no sólo no citaron sino que, además, la copiaron entera. No es serio, despotriqué. La reacción del otro lado del teléfono, fue tibia. Es cierto: esperaba más. Tenés razón Manu, dijo en tono serio. Mañana lo voy a hablar, prometió.

m.: “Sigo indignada”
x.: “Bueno, tampoco es para tanto”
m.: “¿Cómo que no es para tanto? Hicieron copy paste”
x.: “Está bien, pero tenés que entender”
m.: “¿Entender qué? Que yo me paso un día entero haciendo la producción de una nota para que otro ni siquiera se tome el trabajo de reescribirla como corresponde?”
x.: “Estás haciendo demasiado espamento”

La discusión siguió en otros ámbitos. A quien bauticé “x” es una persona muy cercana y, tal proximidiad, cruzó nuestros caminos en muchas fiestas y reuniones. Podríamos decir, sin evidenciar de quién se trata, que es un gran amigo. Otra noche, cervezas mediante, volvió a surgir el altercado.

m.: “Dejate de joder, no entiendo cómo lo/la podés defender”.
x.: “Lo que pasa es que vos no lo/la conocés”.
m.: “¿Vos decís que si lo/la conozco voy a cambiar de opinión?”
x.: “Sí”
m.: “¿Por qué?”
x.: “Porque está cansado/a, escribe sobre espectáculos cuando lo que realmente quiere hacer es información general. No le gusta el tema”
m.: “¿Y vos pensás que a mí escribir sobre Wanda Nara me inspira reflexiones filosóficas?”
x.: “No, bueno”
m.: “¿Vos pensás que mi inquietud intelectual se reduce a si Nicolás Cabré sale o no con Eugenia Suárez?”
x.: “No”
m.: “Yo soy periodista. Me toca escribir sobre espectáculos y lo hago con la misma rigurosidad con la que escribiría sobre política”
x.: “Ya lo sé”
m.: “Estudio historia, no jodamos”
x.: “Bueno, está bien. Entonces lo/la entendés mejor que nadie”
m.: “No”
x.: “¿Por qué no?”
m.: “Porque subestimar el periodismo de espectáculos es subestimar tu propia capacidad periodística. Y él/ella, con esta actitud, sólo muestra falta de profesionalismo”
x.: “Te estás yendo al carajo, estás dramatizando mucho”
m.: “Puede ser, pero recordale que para encontrar al fusilado que vive de Rodolfo Walsh, primero hay que aprender a reescribir una nota como corresponde. Citando y, precisamente, reescribiendo”.

Empecé a trabajar siendo muy chica. Pisé mi primera redacción cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad. En su momento, lo hice en calidad de pasante por recomendación de la escuela de periodismo a la que asistí. Y debo admitir que, al igual que a él/ella, mi primera oferta de trabajo le hizo ruido a mi mente de “niña intelectual que cursa en la UBA”. Cómo se les ocurre que voy a escribir sobre espectáculos, pensé indignada y volví al aula. Estoy para mucho más, insistí regocijada en el ego de quien, en su momento, empezó a estudiar ruso para poder leer a Dostoievski en su idioma original.

Pero mi orgullo y aire de divismo quedó aplastado cuando Ulises, uno de los mejores profesores y periodistas con los que me tocó compartir experiencias, me miró a la cara y me dijo: “Yo empecé en el mismo rubro. El problema no radica en la temática sobre la que escribís, sino en la rigurosidad con la que vos trabajás. Que sea o no periodismo, ya es algo que depende de vos”.

Sabio, ¿no? Tomé sus palabras y procuré empezar mi vida profesional cumpliendo con ese mandato. Ya van siete años consecutivos de hacerlo a diario y de escribir sobre la vida de Moria Casán sin olvidar de mis inquietudes intelectuales. Es cierto: todavía no me he lucido en rubros que respondan a mis intereses profesionales. Pero, a diferencia de él/ella, puedo afirmar con orgullo que hago periodismo. Y del bueno.

3 comentarios:

jugodemaracuya dijo...

Qué sabiduría la de Ulises. ¡Maestro!

Saludos.

Anónimo dijo...

Te banco Manu!

Anónimo dijo...

Manu...grandes palabras las de Ulises.
Estamos los otros, tambien. Esos que amamos el periodismo de espectáculos como a nuestra propia vida, esos que laburamos la rigurosidad de la información profundizando en temas que para muchos son banales, esos que sentimos a la farándula como parte de uno mismo y que...¡¡También hacemos periodismo!!

No sé si somos muchos, pero así como a vos te gustaría explorar en otros terrenos del periodismo, estamos los que llevamos al espectáculo en la sangre. Y no va por ser un cholulo o dejar de serlo. Sobre gustos, dicen, nadie escribió nada.

Lamentablemente el hecho de que alguien te diga que "dramatizás" porque querés hacer valer tu derecho de que citen una fuente o reescriban un párrafo.

¡¡Somos periodistas, muchachos!!