martes, 2 de octubre de 2012

Voces encontradas



Hace algunos días, decidí compartir en mi blog una de las tantas situaciones en las que encontré con un texto propio publicado, sin la cita o reescritura correspondiente, en un medio de comunicación para el que no trabajo. Para aquellos que llegan a la segunda parte de la película, los invito a leer el texto original haciendo click acá.

Para mi sorpresa, teniendo en cuenta que el promedio de visitas que recibe el blog es de 100 por día, me encontré con un aluvión de respuestas que se reprodujeron tanto en mi correo electrónico, como en los diferentes espacios de intercambio ofrecidos por las redes sociales. Voces a favor y en contra. Voy a reproducir algunas de las reacciones, intentando abarcar absolutamente todas las posturas, para alimentar el objetivo inicial del posteo: un debate sobre los límites y accionares en el periodismo.

Insisto, pese a las críticas y a los pedidos de que exponga identidades, en que el objetivo del contenido no es más que generar esto: preguntarnos, ¿por qué hay plagios? ¿Qué debemos hacer frente a los mismos?

A continuación, algunos de los mensajes:

“Lo que estás haciendo es un escrache que no suma y puede traerle complicaciones a la persona en cuestión. Si lo que realmente te indigna es el plagio, deberías haber hablado directamente con él/ella y cerrado el asunto ahí. No sólo no lo hablaste, sino que además lo/la escrachaste en Internet. Yo no lo hubiera hecho”.

“En los 20 años que llevo ejerciendo la práctica periodística, una sola vez caí en la tentación del plagio. Lo hice y nadie se dio cuenta. Como quien dice: pasó. Muchos años después, me encontré con el periodista al que le había robado parte de su investigación. Y ahí sentí una vergüenza gigante. Todos nos podemos equivocar, es cierto, pero no está bueno que las cosas pasen inadvertidas. Entiendo que, por más bronca que genere el plagio, está bueno cuidar el lugar de trabajo del otro y entender que son cosas que, si bien no está bueno que pasen, pasan. De nuevo: darle al otro la posibilidad de reconocer un error es más humano que juzgarlo con una vara implacable. Pero este tipo de recordatorios anónimos hacen que uno tenga otra conciencia a la hora de encarar su trabajo. Te agradezco que lo hayas escrito y, te cuento, se lo pasé a varios de mis redactores a cargo”.

“Me encantó lo que escribiste. Gracias por el texto. Entiendo la bronca y la comparto. Está bueno que se instale el debate sobre el plagio y, en especial, sobre la práctica del periodismo de espectáculos”.

“Con la mejor onda, primero le mando un mensaje a esa persona y, si se hace el desentendido o da excusas, lo prendo fuego por garca. No es un escrache per sé, se busca la forma del uno a uno. Pero si la persona no accede: a bancarla después”. Aclaración: yo nunca me comuniqué con la persona en sí, así como tampoco la/lo mencioné en el posteo del blog.

“En principio, quiero resaltar que está bueno que se debatan este tipo de prácticas que, para los que estamos en los medios, lamentablemente son algo cotidiano. Levante la mano quién nunca sufrió un plagio, ¿no? Me parece bien que preserves la identidad de la persona aunque, personalmente, yo hubiera optado por ponerle nombre y apellido. En ese sentido, creo que la única forma que tenemos de evitar que las cosas sucedan, es haciéndonos responsables y responsabilizando a quien corresponde. (Respuesta de quien les escribe planteando que el objetivo del posteo no es atacar a la persona en cuestión, sino abrir el debate sobre el plagio) Bien, como te dije antes es algo respetable. Estuviste bien marcando el error a quien corresponde, tampoco me parece correcto que uno no reclame por el robo a su trabajo. Igual, quizás peco de paladín de la justicia, insisto en que yo lo hubiera escrachado. Después de todo, esa persona eligió robar una nota y no se merece tanto cuidado hacia su persona”.

“No da tirar el tweet (el link del posteo lo viralicé po Twitter) y esconder la mano, ahora contalo todo”. Respuesta de quien les escribe planteando que el objetivo del posteo no es atacar a la persona en cuestión, sino abrir el debate sobre el plagio). “Hay que decirlo igual”.

“El plagio es una de las inmoralidades que asaltan a la profesión. Por fiaca o falta de ideas, el que roba el trabajo de otro no hace más que confirmar su propia mediocridad. ¿Si estuvo mal subirlo al blog? Afanar es lo que está mal. Cuando te afanó, lo hizo públicamente. Hay que mantener un equilibrio”.

“Llegué a tu posteo de una forma muy loca y quiero agradecer lo que escribiste. El plagio es algo que he sufrido y que he denunciado públicamente. No como vos: lo he publicado en mi blog con nombre, apellido y casilla de correo. No sé si está bien o no hacerlo, pero soy de los que piensan que si uno no cuida su trabajo, nadie lo va a hacer”.

“El plagio tiene mucho que ver también con tu ética, con cómo laburás y respetás, tanto tu laburo como el de los otros. El copy/paste es inevitable”.

"Excelente Manu. Plagio es robar. No hay explicaciones".

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