martes, 14 de mayo de 2013

Mercenario



Dedicame tu última bala. Dale, dispará. Poné el gran ancho de espada sobre la mesa y cantame truco de una buena vez por todas. Levantá tu cabeza, sostené la mirada. Animate, dale. Batime a duelo, enfrentame, crucificame, cercename. Despedazame con detalle quirúrgico. Gajo por gajo, nervio por nervio. Disfrutá del perverso placer de la dominación física. Escupime. Cumplí tu fantasía y dispará. Destrozá mi humanidad en segundos. Reducime a un charco de sangre y materia gris. Pero recordá una sola cosa: mi ausencia no te va a salvar de tu destino de hombre común. Obrero del discurso.  

1 comentario:

Amilcar Nani dijo...

Matar, lo que se dice matar, matan las palabras. Una visión muy acertada, revolucionaria de las letras.