domingo, 25 de agosto de 2013

Humilde homenaje a un grande: Julio Cortázar


Gracias por los cronopios y por las famas. Guardamos las esperanzas para ver qué hay más allá de la continuidad de los parques. Será la nostalgia de la infancia, el recuerdo de la Rayuela lo que nos lleva a perseguir, sin que se culpe a nadie, a un tal Lucas. Nos enseñaste las armas secretas del lenguaje para que rompiéramos las formas, los usos y las costumbres de lo hegemónico. Desplomaste al octaedro de Becquer y Benedetti. Formaste a un bestiario dispuesto a batallar tus dudas existenciales heredadas por un tal Oliveira y algún Manuel que pasó por la rue de Seine. Viviste a deshora, te anticipaste a tus tiempos. Nos hiciste querer a Glenda y reírnos tanto con la Maga. Abanderado de lo lúdico, procurador de instrucciones. Tomaste mi casa, mi biblioteca y mi cabeza. Hiciste que cada flor amarilla se convirtiera en un puente, tal vez el Pont des Arts, hacia la eternidad. Nos hiciste pasar horas buscando al Axolotl e invertimos la noche boca arriba imaginando los venenos del jazmín o los reproches del Club de la Serpiente. De tu mano, dimos la vuelta al día en ochenta mundos y disfrutamos del goce casi perverso de hallar un manuscrito en un bolsillo. Fuiste tu propio ídolo de las Cícladas en plena apocalipsis de Solentiname (con cuadros, colores, estallidos y todo). Nos embarcaste en la autopista del sur, sin preparación para el viaje. Y hacia el final de juego, justo en el último round, llegaste a la otra orilla y abriste las puertas del cielo, del otro cielo. Feliz cumpleaños Julio, se te echa de menos.

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