domingo, 1 de diciembre de 2013

La monstruosa paradoja del amor entre Oliveira y la Maga

Fragmento de una carta que Julio Cortázar le envió a Jean Bernabé, escritor y linguista francés, luego de recibir una crítica tras la lectura de Rayuela. A continuación, el fragmento en donde analizan la tortuosa relación entre Horacio Oliveira y la Maga.


A JEAN BERNABÉ
París, 8 de mayo de 1965

Mi querido Jean:
(...) También creo que usted tiene razón cuando analiza la actitud amorosa de Oliveira. Pero claro que la Maga no es una mujer. Un hombre que busca en una mujer lo que parece buscar Horacio, la irrealiza automáticamente, la destruye como mujer; las catástrofes físicas y morales subsiguientes son un hecho fatal e irremediable. Horacio lo sabe, además, y por eso sus diálogos con la Maga tienen una ironía amarga todo el tiempo, un sabor a cosa ya muerta. Pero a la vez, porque Horacio es un gran infeliz en el doble sentido que le damos a la palabra en la Argentina, está enamorado de esa mujer que él ha convertido en un fantasma. Horacio usa a la Maga como si fuera otro instrumento para su tentativa de salto en lo absoluto. Cualquiera que haya tenido el menor comercio con las mujeres sabe de sobra que es el único uso condenado al fracaso absoluto. La mujer puede despertar en nosotros el sentimiento y la nostalgia de lo absoluto, pero a la vez nos retiene en la relatividad con una energía casi feroz. Pedirle que salte con nosotros es provocar la doble catástrofe. Horacio le pide, a su manera. La Maga responde, también a su manera. La monstruosa paradoja del amor es que, como se dice por ahí, es "dador de ser", enriquece ontológicamente, pero al mismo tiempo reclama un hic et nunc* encarnizado, prefiere la existencia a la esencia.

*Aquí y ahora.

Julio Cortázar, Cartas 1965-1968, Argentina, Alfaguara.

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