jueves, 3 de diciembre de 2015

Piedrita



Agarro la piedrita una vez más. Sin rebeliones, ni misterios. Vuelvo a agacharme, con la ingenuidad que sólo puede proyectar la mirada que aún no ha visto. Regreso al ritual casi perverso de la tiza y el asfalto, al punto de salida: la tierra. El cielo sigue allá, a lo alto y casi curvado por la perspectiva infantil que sólo el comienzo de la rayuela logra restituirnos. Aunque sea sólo por algunos instantes.
Flaquean las rodillas, el cuerpo traiciona, pero envalentonada por la necesidad de dar un gran salto -quién sabe a dónde, quién sabe por qué- suelto la piedrita. La libero de la transpiración y la prisión de mis manos. La incierta trayectoria se convierte pronto en liberación pura, con una pizca de pánico y otra de horror.
Y acá estoy. Una vez más, con los pies en la tierra y una asfixiante necesidad de llegar, aunque sea sólo por algunos instantes, al cielo.

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