
Es un error pensar que los atroces sucesos que impregnaron nuestra historia con sangre se acabaron: la desaparición de Jorge Julio López, testigo del caso contra Miguel Etchecolatz, y la existencia de más de cuatrocientos nietos "desaparecidos", revela la falencia de una sociedad embelesada con un sistema democrático que atraviesa un estado nervioso cada vez que ve tambalear sus pilares.
Sin embargo, la grieta comenzó mucho antes de 1976; nuestra historia se formó entre cuarteles y botas desde 1930, lo que generó una conciencia cívica muy difusa. La identidad de los jóvenes de hoy se perdió como una consecuencia sistemática de lo que buscaron los oficiales miembros de las juntas, quienes lograron generar un individualismo hermético y anti-histórico que beneficia su impunidad y continua esparciendo el terror y la ignorancia.
La generación de la Play Station, de las privatizaciones (tanto institucionales como intelectuales) y los viajes al extranjero, se contrapone con la generación de Silvio Rodriguez, el Mayo Francés y el compromiso social. Dos juventudes antagónicas cuyas diferencias no son inocentes. El "no te metás", quedó instalado en las generaciones posteriores y una de sus consecuencias más atroces fue el olvido.
24 de marzo de 1976-2006. Del horror a la esperanza, es un documental dirigido por el periodista Román Lejtman y producido junt con el Ministerio de Educación y Secretaría de Comunicación de la Presidencia de la Nación. Allí, Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini y Adolfo Pérez Esquivel, entre otros, relatan los hechos sucedidos desde la caída de Isabel Perón hasta el treinta aniversario del último golpe militar.
La memoria robada o jamás establecida exige, lamentablemente, la existencia de documentales de un seguimiento fácil y que no demanden un vasto conocimiento previo. Quizás, escuchar a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo o al Premio Nóbel de la Paz, genere una primera reflexión inexistente en las escuelas y en muchos hogares. A treinta y un años, con treinta mil nombres exigiendo justicia y cuatrocientos bebés esperando por nacer, la nueva juventud es la que tiene en sus manos la posibilidad de generar una nueva sociedad que evite el desenfreno democrático y anteponga la racionalidad y la sensibilidad.
Por Manuela Fernández Mendy