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| Tan sólo un par de medias caladas. |
domingo, 30 de septiembre de 2012
lunes, 17 de octubre de 2011
Lotería

Compraste todos los números. Todos. Recuerdo haberte advertido que no ibas a ganar, que tu inversión estaba condenada a una pesificación lamentable, pero tu obstinación pudo más y depositaste tus escasos ahorros emocionales, tan vapuleados por las constantes devaluaciones, en lo que dimos a llamar nuestra relación. Te insistí que no era el momento. Que el colchón había vuelto a convertirse en el lugar más seguro. Pero fuiste por más. Y hoy, desde el otro lado del ordenador, sólo me queda la admiración por la ambición que sé, en algún momento, te llevará a grandes ganancias.
viernes, 6 de agosto de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
Teté

Hermano menor es un reflejo de lo que todos queremos ser o un recuerdo de lo que fuimos. Es libre. No tiene ataduras. No permite que lo aten. Ríe siempre como si fuera su última risa. Hace del humor su centro y, cuando quiere, desliza los comentarios más dulces y sentidos que alguna vez escuché.
Es un comprador nato aunque a veces su sobrecargada energía puede abrumar. Hay que acostumbrarse a sus elevados decibeles. A su desmesurados enojos. A su todavía incontrolable fuerza física. Por que así es él: no se controla ni deja que lo controlen.
Siempre es el que detecta lo que pasa. Tiene sumamente desarrollado el sentido de la observación y tiende a angustiarse por todos, aunque no lo demuestre. A veces, se lo puede ver sentado en el living y, cuando uno se asoma, rápidamente hace un chiste o una morisqueta grosera para “descargar la tensión de la charla”. Pero, cuando se abre, vomita reflexiones que, todavía, me cuesta creer que un nene de 13 años pueda tener.
Teté, como sólo yo lo llamo desde que nació, ama desmesuradamente. Es apasionado. Va por la vida demostrando desinterés pero en el fondo, no sé a quién me recuerda, vive intensamente cada segundo. No abraza mucho pero cuando lo hace, te estrangula con su amor.
Su mirada, paradójicamente, esconde un dejo de melancolía. Sus ojitos verdes –o grises, según el día- siempre muestran su esencia pensativa. Vive desparramando alegría y yo, como hermana mayor, rezo porque nunca se deje controlar.
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