
jueves, 10 de junio de 2010
Las mejores frases de una redacción que vive el minuto a minuto...

viernes, 7 de mayo de 2010
Lecciones para reconocer al arquetipo del periodista gráfico

Lo asumo. Me convertí en especialista publicitaria. No huyan despavoridos, sigo sin entender cómo es que un buen chistecito puede reflotar las ventas de unas galletitas feas. El punto es el siguiente: después de una vida acompañanda por ellos y de una sobredosis maratónica que duró casi dos años, me volví una profesional a la hora de caminar por la calle y detectar creativos. “Son todos iguales”, humorizo crónicamente cada vez que mi acompañante de turno se sorprende al escuchar: “Sí, trabajo en ‘x’ agencia, ¿cómo sabías?”.
Gracias al texto de Levi, que yace en este blog, aquellos ajenos al mundillo del advertising podrán darse cuenta de que lo mío no es un gran don. Ni siquiera es algo innato. Basta con verlos moverse para saber, inclusive, si son redactores o directores de arte. Pero el texto de este desopilante copy me llevó a preguntarme, ¿cómo será el arquetipo del periodista?
Esta tarde, mientras viajaba en el auto de mi señor padre, le tiré una frase desgarradora y emotiva. “Creo que en el fondo nuestras profesiones no son tan distintas”, disparé. Su respuesta fue una sutil carcajada que se vio interrumpida por una pregunta de tinte serio: “Explicate”.
Después de responderle por decimoctava vez que no tenía interés de ingresar en el mundillo del marketing, pasé a elaborarle una suerte de premisa que sirvió como esqueleto para el posteo que –rompiendo con el concepto de la pirámide invertida- comenzará en el próximo y quinto párrafo. “Es simple, los opuestos se tocan. La única diferencia es que el periodista es un pesimista expreso mientras que el publicista lo es sólo por culpa y en casos en donde el susodicho tiene una mínima noción sobre lo que sucede a su alrededor”, retruqué.
Estimado lector, ¿cómo reconocer a un periodista gráfico?
Pista uno: su forma de vestir
El periodista suele demostrarle al mundo sus desdichas. El no tener “un mango” para comprarse ropa, lo lleva a exacerbar un look desaliñado y desprolijo que suele despertar la intención de regalarle algunas monedas u ofrecerle un baño para que pueda asearse.
Los jeans, las camisas de leñador acompañadas por una remera preferiblemente gris o nega, son elementos distintivos del hombre que va por la vida con un morral que le regalaron en algún evento que tuvo que cubrir. Aquí, una nueva señal: podrán ver en casi todos sus elementos la firma de una marca. Lapiceras, remeras, agendas e inclusive encendedores. Pero no se confunda, el periodista gráfico no tiene plata para ser marquero: una vez más, capitaliza los regalos de las empresas.
Pista dos: su forma de expresarse
Cualquier palabra será antecedida por un adjetivo negativo. A saber. “Mi dolorosa mañana”, “mi paupérrima nota”, “mi deficitario capital bancario”, así ad infinitum. El periodista gráfico la pasa mal. No cobra bien, sus jornadas son eternas y pocas veces puede safar de las jornadas laborales cuando otros leen sus notas desde la comodidad del hogar sin preguntarse, por ejemplo, quién es el pobre imbécil que trabaja un día feriado.
Sin embargo y aquí una dualidad característica, el periodista no lo padece tanto como lo expresa. Carga con una posición extrema aunque sabe en el fondo que la única forma que tiene de soportar su trabajo es apasionarse por él. Eso hace, por ejemplo, que sienta pena por aquellos que quintuplican su sueldo pero que trabajan como telemarketers o en cualquier otra profesión.
Pista tres: sus adicciones
El cigarrillo y el café son elementales en la dieta de cualquier periodista. La presión de la primicia inmediata –agilizada aún más con la aparición de nuevas tecnologías-, el saber que tiene que conseguir EL dato del evento para no llegar a la redacción y comerse las puteadas del director por haber “dejado pasar” semejante información, el cargar con la dualidad de ser el cuarto poder pero cobrar menos que cualquier “mano de obra no calificada” y, finalmente, el vivir a contramano de cualquier horario convencional, lo llevan a encontrar en la cafeína y el pucho dos grandes aliados.
Pista cuatro: la increíble capacidad de hacerse el importante
Todos lo sienten. No pasa un asado con amigos en el que no termine contando sus increíbles aventuras periodísticas. Desde la vez que descubrió que un grupo de senadores había aceptado coimas para aprobar ‘x’ proyecto hasta el día que vio a un importante empresario salir de un telo con una vedetonga del montón.
Para sobrellevar el mal trago que implica escuchar las escapaditas a Uruguay de sus parejas amigas, el periodista se ve en la obligación de enaltecer su ego con sus pocas veces creíbles relatos que, por supuesto, jamás llegaron a publicarse por la bendita pauta publicitaria.
Pista cinco: el sentimiento de superioridad
Estar 24/7 en contacto con las noticias, analizar línea a línea los discursos de todos los medios y saber con exactitud quiénes están detrás de cada bajada editorial, le da al periodista el sentimiento de estar por encima de la media.
Cree incapaz al lector de poder comprender, por su propia cuenta, qué se esconde detrás de la presentación de una determinada noticia, el motivo por el cual cada medio impone su propia agenda y, por sobre todas las cosas, hasta dónde puede condicionar la pauta –memorizada siempre- de cada medio.
Es por eso que uno puede escuchar frases tales como: “Nosotros lo entendemos, pero la gente común no lo ve”.
jueves, 22 de abril de 2010
Manual gráfico para periodistas, lo que no se debe hacer...
martes, 30 de marzo de 2010
Manual para periodistas, tomo uno

Ejercer a diario la profesión nos lleva a detectar falencias ajenas y propias. A continuación, una selección de los clichés más básicos del periodismo.
El estado del clima no es “meterle color a la nota”.
Ejemplo: “Llovía en Buenos Aires cuando el entrevistado se acercó al lugar pautado para el encuentro”. No sirve, es barato, no nos dice nada del encuentro –a menos que sea Macri y que la ciudad se haya inundado-.
Existen dos millones de verbos declarativos además del “dijo”.
A saber: advirtió, subrayó, destacó, aclaró, explicó, analizó, refutó...
Si ponemos un verbo declarativo es imprescindible que tenga relación con la acción que intentamos marcar.
Ejemplo: “Después de un silencio prudencial, Escudero explicó: ‘no estoy de acuerdo con las políticas del Gobierno’”. Eso no es explicar.
Si elegimos un título textual tiene que tener razón de ser, evitemos los lugares comunes que alejan al lector.
“Estoy pasando por el mejor momento de mi vida”, sólo funciona cuando el entrevistado acaba de perder su empresa, su mujer lo dejó y padece una enfermedad terminal. Y, claro, si usamos ese textual y no hacemos mención a todo lo coyuntural, no nos podemos enojar cuando nos critican el “lobby”
Una básica. Las citas directas van con dos puntos y mayúsculas.
Abstenerse de usar citas mixtas si no se sienten preparados para semejante laburo gramatical.
Robar información y no citar la fuente es un DELITO.
Si sienten que sacar información de un blog es denigrante para el medio, no la saquen. No darle créditos al autor del material los convierte en el hazmerreír de la web.
La cabeza informativa en una crónica es una patada en el hígado.
Las entrevistas “pregunta-respuesta” sólo funcionan si las preguntas son muy buenas y las respuestas magistrales.
De lo contrario, dejamos en evidencia que nos importó un carajo dedicarle dos minutos al texto.
De lo contrario, no hacer mención al tema nos convertirá en los abogados del diablo.
No hay motivo que nos obligue a poner una mayúscula después de los dos puntos.
A menos que estemos frente a un sustantivo o una cita textual, claro.
El gerundio es imprescindible para marcar la simultaneidad de los hechos. SIMULTANEIDAD, no otra cosa.
No es equivalente a un verbo de una acción concreta realizada en el pasado.
La abreviatura va entre paréntesis.
Una vez explicada sólo se usan las siglas.
El punto y coma tiene una razón de ser.
No se utiliza al azar.
Meter noticias de los anunciantes sin motivo es contraproducente.
Tanto para el medio como para el anunciante.
Sólo se entiende al lector si se lo escucha.
De nada sirve tener comentarios, estadísticas y redes sociales si no las vamos a usar.
Una cita, dentro de otra cita amerita las comillas simples.
Los meses y los días no van con mayúscula.
No somos estadounidenses.
Que 300 chicos se corten las venas y se vistan de negro no amerita que durante veinte meses se hable de la nueva “tribu urbana”.
En especial en países en donde hay chicos que sí se mueren, pero de hambre.
No publicarás textuales de las gacetillas de prensa que te manden.
Mucho menos si dicen: “Estamos muy felices con…”.
Tener el mail de alguien no es un “contacto”.
El verdadero contacto periodístico nace del conocimiento entre ambas partes.
Majul no es un estandarte del periodismo incisivo
Ni del periodismo en líneas generales
Tener un blog no te convierte en un periodista 2.0
Y mucho menos si no se actualiza desde el 2008
Acostarse con una “fuente” no es parte de un trabajo de investigación
Pero sí una forma rápida de obtenerla
No dejar hablar al entrevistado para demostrarle que vos sabés más es patético
En especial cuando el periodista no está formado
Reescribir gacetillas no es hacer periodismo
Por más consuelo que nos brinde
Internet es una gran fuente de información
Y un gran vendedor de pescado podrido no apto para vagos
No existe el periodismo sin ideología
Ni medios independientes
