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martes, 17 de febrero de 2009

Quien escribe por Gabni


Periodista recibida en TEA. Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en un diario de un golpista pero citó a Oesterheld en una nota sobre el clima. Actualmente divide su tiempo entre la fotografía urbana, las crónicas culturales y una revista abocada a la publicidad. Se caracteriza por no responder mensajes de texto y colgar demasiado.

Fuma cigarrillos gitanes y lleva siempre un encendedor azul en la cartera. Tiene una implacable tendencia a caer por las dentaduras nicotinadas y las barbas setentistas. Reniega del doble apellido. No entiende ni entenderá jamás la totalidad de la obra de Heidegger. Abanderada oficial de la lectura de Boris Vian y crítica acérrima de la escritura melosa de Becker y Benedetti. Cree ciegamente en que el hombre perfecto fue Julio Cortázar.

Entró a la UBA y descubrió su aprehensión por los “Bolches de manual” aunque cree que el chico del PO es muy lindo. Confía en la victoria del racionalismo político por sobre todos los impulsos animales.

miércoles, 23 de abril de 2008

Perfil de Manu, por Her

Una persona que tiene en su blog la frase “una aspirante a hija de puta” demuestra una de dos cosas. O que oculta la verdad diciéndola para luego reírse de ella (no hay mejor táctica que esta), o que se anticipa a lo que los demás puedan pensar. Tal vez haya algo de cierto en las dos. Por lo pronto, desde la misma impronta de su nombre Manu nació con esta dualidad. Manu puede referirse a un hombre como a una mujer. Claro está que estamos hablando de un ejemplar del mal llamado sexo débil, pero eso tal vez de pie a una ambivalencia (comportarse como hombre en determinadas actitudes) o la necesidad de un complemento para convertirse en una unidad indisoluble.

Tal vez sea pretensioso hablar de alguien diciendo “nació de tal forma”, pero no me puedo resistir al lugar común. Mucho menos cuando al hablar de ella siento que hablo de mí mismo, ya que nuestros parecidos son, cuanto menos, considerables. Irascibles, alegres aunque a veces deprimidos (nunca depresivos), un tanto ciclotímicos, necesitados de otra persona que sea el pilar del pilar que somos para las otras personas. Pero no voy a hablar de mí, para eso habrá otros momentos.

Nos hermana destacarnos del resto, para bien o para mal. Y ese es un karma con el que Manu tiene que luchar todos los días. No es fácil ser consciente de que los demás son conscientes de que uno está un paso delante de la media. Y mucho menos cuando eso representa un estímulo doble para ella: la necesidad de cumplir con los demás y consigo misma. ¿Cuál es la más fuerte? No hay forma de saberlo.

“En caso de emergencia, rompa el vidrio”, dice en una foto que se muestra aquí nomás, a la derecha. Si es de su autoría o no esa foto, lo desconozco. Pero me da la impresión de que el vidrio que quisiera romper es ese que separa a las personas, ese que ella misma pone muchas veces para enfrentar a los demás (soy una hija de puta) y ese que los demás anteponen para no salir heridos. De qué, podría preguntarse un incauto. El vértigo (que el mundo pare, qué corto se me hace el viaje, dijo Ismael Serrano), la velocidad, los cambios, las relaciones con los demás. Pero sobre todo, entre Manu en primera persona y Manu en tercera persona. ¿Antagónicas? ¿Opuestas? ¿Bipolar? No. Sencillamente alguien que quiere gritar algo, y cuando abre la boca para hacerlo, descubre que no sabe qué es.

Pero va en camino a averiguarlo.

Her

martes, 4 de marzo de 2008

Sobre Mauri...


Cuando lo conocí, la única referencia que me dieron fue: “Juega al polo”. Claramente pensé: “Este chico es muy diferente a mí”. Todavía no entiendo bien el porqué, ni el cómo ni el cuándo, pero terminamos relacionándonos muy bien. Algo raro en mi, dado que si no es un chico del “conurbano” curtido por la vida, por lo general no suelo iniciar conversación.

Pasó el tiempo y “el chico rubio que se sienta en el fondo” tuvo nombre propio, Mauricio (alias Mauri). Con mi detestable propensión a la antisocialidad, tardé en cruzar palabras. De hecho, creo que me calló bien cuando en uno de esos días de calor (en los que nos refugiábamos en la “sala de redacción”), fue el único que ante mi insistencia por salir en pleno Once a fumar, me dijo: “Yo te acompaño”.

Me dio cosa decirle que sí. Pensé que había sido un gesto diplomático, una forma de solidarizarse con mi vicio. Así que le dije que gracias, me hice la boluda y seguimos hablando de su exclusiva entrevista.

“Me voy a Europa”, me deslizó en el subte. “¿Cómo lo decís como si fuera algo tan cotidiano?”, le dije y el rió. Así que, de pronto, tuvimos un tema para dialogar (teniendo en cuenta que yo estaba en pleno auge organizativo para “terminar TEA e irme a vivir a Londres”).

El señor se fue a Europa y fue mi escape durante todo febrero del sótano en el cual trabajo. “Estoy en Praga, no sé si irme a Berlín o a Venecia”, eran algunas de las grandes disyuntivas del señorito. Claro, yo miraba a mi alrededor y pensaba: “¡Qué miserable es mi vida!”.

Por h o por b, todas las personas que visitan TEA (especialmente el público femenino) lo tienen más que registrado. “Vos sos compañera del chico rubio que está re bueno”, me han llegado a decir compañeras de trabajo. Frente a esa situación mi respuesta era: “Se llama Mauri”. Y sí, me daba bronca y pensaba que era injusto que lo traten como una cara bonita.

Ahora, después de que me diga que estaba celoso porque nunca subía cosas de él al blog, decidí solidarizarme con mi género y les resumiré, en algunas líneas, el carácter del “chico lindo” de TEA.

Cosas a tener en cuenta a la hora de conquistar a Mauri:

Es tímido. Le gusta que los hombres le sean leales (¿será posible?). De las mujeres dijo que le gustaba la sinceridad. Ahí, tuve que interceder y le dije: “Ya arrancaste mintiendo”. “Es verdad”, me dijo y agregó: “Poné que me gustan las histéricas”.

RECOMENDACIÓN PARA LAS HISTÉRICAS: abstenerse.

Quiere vivir en Madrid. Le gusta Oscar Wilde (al menos en términos literarios, claro). Como todo chico rubio le quiere poner a su hijo Santino. Supongo que si es mujer le pondrá Valentina, Candelaria, María o Sol. Todavía no eligió cómo quiere morir, yo supongo que lo hará en medio de una apasionante noche de sexo con una menor de edad. No le gusta la palabra Burlete. Le gusta el sonido de la lluvia y no quiere ser carpintero.

En síntesis: cualquiera que quiera conocerlo, podrá deleitarse con él en TEA. Se rumorea que Jonathan de Gran Hermano ingresó a la “escuela de periodismo” para conquistarlo. No creo que tenga chances.