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domingo, 28 de agosto de 2011

Titulámelo querido

Me gusta que ante mis planteos me digas “gila”. Así, sin pudor ni temor a quedar mal. Cuatro letras, un concepto cantina y yo, entre las sábanas, paso de la indignación al éxtasis. Me gusta que no escuches “música en inglés” y que en tu auto siempre haya una caja de forros aguardando el desenlace de una noche de verano. Me gusta que hables de “ustedes” y de “nosotros”. Que te esmeres en demostrarme lo que un chico como vos, de ese bando, es capaz de hacer en la intimidad de cuatro paredes, la parte trasera de un auto, la puerta de un edificio poco iluminado y el balcón de algún amigo de turno. Me gusta el diálogo gestual. Ese “vos”, “yo”, “cuartito”, “ya”. Perder el tiempo, cosa de la gente como uno.

jueves, 21 de julio de 2011

Tictaqueante

No esperes que te espere mientras esperás a comprender qué es lo que esperás de una persona como yo. Tu duda me consume y el tiempo se acaba.

jueves, 7 de julio de 2011

Soltería

Cigarrillo a medio apagar. Rezago de alcohol en las copas de dos noches atrás. La cama vacía. El teléfono mudo. Medias corridas, medias desgarradas. Un tazón con sopa de verdura y los stilettos guardados en el fondo del placard.

Mirada de perogrullo

Me gusta jugar a perder la mirada y encontrarte de casualidad. Me gusta tu serenidad, tu caminata cansada. Me detienen tus manos, tu paso correcto. La entonación casi perfecta de tus escasas palabras. Me gusta tu toque distintivo, tu mirada de perogrullo. Todos tenemos ojos, lo sé, pero los tuyos tienen ese nosequé.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Titulámelo

No me parece un trato justo. No podés pedirme eso. Después de todo, los dos sabemos que manejás la oratoria a la perfección y que yo, bueno, me las rebusco para que no se note tanto. Sabés cuál es mi posición, no tirés de la soga, no me invites a comportarme como una kamikaze desquiciada. Para adrenalina descontrolada y apuestas jugadas ya tengo mi laburo. Prefiero una lágrima en jarrito de tarde y una copa de vino tinto por la noche. Listo. Nada de tragos con nombres endemoniados ni platos extraños en restós palermitanos. Soy simple, convencional a mi manera. Una frase perdida en un libro de la mesa de ofertas. Y lo sabés. Así que no insistas. No me pidas que me la juegue, no me envalentones. No quiero tomar carrera y pedir una grande de muzzarela si después no vas a estar conmigo para terminarla.

sábado, 7 de mayo de 2011

Bailanta

Me gusta menear al ritmo de la cumbia que suena en el lugar. No me perturba el aroma fétido de los cuerpos transpirados que nos rodean. Tampoco el olor a cerveza barata en vasos de plástico. De hecho, me encienden. Vos, yo y la pista de baile que emerge como un escenario en el que nos sentimos locales. El compás se impone. Los movimientos acompañan. Tu mano, mi cintura y la noche que recién arranca.

Propuesta

Sé que te gusta mirarme y no lo oculto. Poso para vos. Te regalo muecas, gestos e inclusive algún que otro gritito desesperado. Un acting perfecto que se adapta a lo que propongas. Un pasaporte.

Impasible

No sé si fue el frío, el café o haber olido tu perfume en el subte. Te extrañé. No me importó en lo más mínimo haber mordido el polvo y conocer de primera mano la derrota. Volví. El campo de batalla -devastado por viejas contiendas- mutó. Yacen los cadáveres. Los tuyos, los míos. Caminé entre ellos, reconocí algunos rostros y sorteé las minas que ambos pusimos para garantizarnos el no retorno. Con la luz del día, el escenario me resulta infantil. El silencio me perturba. Los despojos. Río entre las ruinas de lo que fue, lo que fuimos; una unidad indisoluble que se fracturó ante la primera incógnita. Revivo la lucha traicionada, la lucha abandonada. En el fondo, hacia el costado del camino, estás vos. Firme, estoico aunque abatido por el escenario.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El placer de lo prohibido


El placer de lo prohibido está ahí, a la vuelta de la esquina frente al kiosko al que me escapo cuando mi cuerpo no puede más. Un pucho o dos me sacan del apuro. Aunque confieso, con el máximo de los pudores, que ni siquiera la nicotina puede eliminar de mi cabeza la imagen de nuestros dos cuerpos danzando al ritmo de la lujuria.

lunes, 2 de mayo de 2011

Soy guarra, sofisticadamente guarra

Literatura, ¿será?


¿Cómo se dice? ¿Y qué se responde? ¿Quién te enseñó a hablar así?
Todavía me puedo ver sentada en la mesa, con mi corte carré y mis faltantes paletas. Los pies ni siquiera llegaban al piso, tambaleaban durante toda la ceremonia de la cena y, cuando la charla se convertía en una cátedra de buenos usos y costumbres, se cruzaban desde el tobillo, como una verdadera señorita.

Soy guarra, sofisticadamente desenfadada a la hora de elegir eufemismos para referirme al acto sexual o para relatar encuentros furtivos, propios de una callejera. Tuve que serlo, tuve que desarrollar un costado reo para contrastar con los relucientes pisos de mármol de mi madre. Un punto negro, una manchita difícil de sacar. De esas que terminan ocultas bajo algún adorno o alfombra de estilo.

Conozco al pie de la letra las normas para poner una mesa “como se debe”. Sé evitar las preguntas incómodas con una mueca inocente y suspicaz. Me gusta tener mis uñas impecables, el maquillaje justo y necesario, el pelo acomodado y la ropa firme, planchada y siempre limpia. El tapado corte inglés, las botas de cuero, un pañuelo de seda y una boina estilo francés. Nunca falta, por supuesto, el perfume de freeshop. Pero me gusta, me fascina, me atrae, me seduce, me hipnotiza, me embelesa y me sugestiona una buena nalgada en el momento preciso.