jueves, 6 de marzo de 2008

El día que la prensa inglesa pactó no informar


La Sociedad de Editores acordó con todos los medios silenciar una noticias bomba: el príncipe Harry estaba combatiendo en Afganistán. Hoy, en Inglaterra, la prensa cuenta cómo no contó nada.

Cuenta que se calló la boca: que durante diez semanas, todos los diarios ingleses, en un curioso pacto suicida, no imprimieron una palabra sobre la presencia de su príncipe Harry, el hijo de la diosa Diana, en el frente de batalla afgano.

Los diarios ingleses –muchos diarios ingleses– venden el alma cada vez que pueden a cambio de una noticia sobre sus monarcas. Pero esta vez BobSatchwell, el director de la Sociedad de Editores, organizó un acuerdo entre todos ellos para silenciar lo que habría sido una noticia bomba: que su principito estaba haciendo de soldado.

El viernes una página web americana, Drudge Report, contó lo que todos sabían y callaban; pocas horas después el dato estaba en los diarios del mundo; al día siguiente, el Ministerio de Defensa británico retiró “urgentemente” de la guerra al muchachito.

Un vocero del ministerio explicó que, a partir del momento en que su presencia se hizo pública, el peligro para su vida –“y la de suscompañeros”– había aumentado demasiado.

La ecuación es clara: no decir que el príncipe valiente estaba ahí era una forma de protegerlo de sus enemigos, o sea: de tomar claramente partido en esa guerra y facilitar el trabajo de las tropas europeas: un silencio sangriento.
Se suele decir que la prensa inglesa es una de las más independientes del mundo. Pero de pronto, frente a la supuesta necesidad nacional, frente a la buena vieja patria, el deber periodístico de dar la información que uno maneja se derritió como manteca al fuego.

Es curioso: la próxima vez que The Guardian o The Independent o la BBC se jacten de su rigor informativo, ¿alguien dirá que sí, que claro, y les creerá? ¿Alguien pensará que es sólo una cuestión de grados? ¿Qué cuidar a un principito justifica el silencio pero cuidar a un colega, a un amigo, a un anunciante no? ¿Que la autonomía de la prensa se detiene frente a los altos intereses de la patria pero no frente a otros intereses? ¿O que las patrias, al fin y al cabo, suelen tener intereses muy siniestros?

Sabíamos que los medios se callan muchas cosas; es curioso enterarse de que, en algunos casos, lo hacen por un pactosecreto. Cada vez resulta más difícil leer el diario. Sucedió en Inglaterra.

Cualquier parecido con nuestra realidad es puta coincidencia.

Martín Caparrós
Crítica