miércoles, 9 de abril de 2008

Sobredosis Mauriana

Tenía prohibido subir una conversación. Él fue contundente: “Si lo subís al blog hablo”. También fue radical cuando dijo que no quería trabajar en el sótano, pero –como le advertí en una conversación telefónica- tengo más que aprendido el arte de la persuasión.

Hoy bajó a la redacción. “Ya me voy, pero te espero a fuera”, me dijo Mauri. Salí a la media hora como habíamos pautado. Previo diálogo con mi jefe en el que deslizó una frase que no entendí.

“Vamos”, le dije. Caminamos hasta Córdoba y le di un F5 sobre distintas cuestiones que no vienen al caso. Después de escuchar atenta sus consejos, subimos finalmente al subte D. “No subiste la conversación”, me dijo él con una gran sonrisa. “Me lo prohibiste, me censuraste”, le retruqué y miré para otro lado.

Después de algún tiempo en el cual debatíamos sobre cómo se podía subir, sin que necesariamente quede involucrada ninguna persona, me dio el visto bueno.

“¿Qué vas a hacer con tu otro laburo?”, le pregunté poniendo cara de artista melodramática. “Si quedo en este, lo dejo”, me contestó y sonrió. “Lo logré”, fue mi respuesta sarcástica.