A veces pienso que somos el uno para el
otro. No te jodo. Nos imagino relajados, leyendo tranquilos con algún
disco de fondo, vino en las copas o mate con facturas. No sé por
qué, pero cada vez que nos pienso visualizo un tocadiscos de fondo.
Creo que me gusta esa imagen bohemia de libros, quilombo de papeles
y, por supuesto, un wincofon 3060 compacto que nos obliga a invertir
tardes de domingo en largas caminatas por Parque Rivadavia para
encontrar algún tesoro perdido. Nos veo así: completamente
despojados. De risas espontáneas, mates eternos y morbosa lectura
poética. Vos, yo y una sutil pero constante batalla de egos
desmembrados. Nos veo con cajas de fotos, retratos comprados en los
grandes galpones Santelmeanos. Te escucho inventar las historias de
esas caras desconocidas y tan familiares a la vez. Pura pasión de
relato. La familia de inmigrantes, el pescado rabioso del conurbano y
la niña bien con picazón amorosa. Nos proyecto en tardes de
vagancia extrema: dos cuerpos enroscados en una cama completamente
deshecha. Silencios eternos. Pero después
de crearnos con detalle quirúrgico caigo en la realidad. Y no me queda más
que asumir que siempre fuimos -y sólo seremos- una falacia poética.

3 comentarios:
Manu llevo años leyéndote y comentando muy poco. Pero hoy tuve que hacerlo, lo que has escrito es exactamente lo mismo que me está pasando.
Me siento acompañado. Gracias.
Saludos.
Siempre es lindo -y constructivo- recibir devoluciones de lo que uno vuelca. Este es un texto que escribí hace unos años, pero asumo que la temática es atemporal. Quedate tranquilo: las falacias poéticas duran poco tiempo. Y es que la realidad, para bien o para mal, siempre pesa más.
Me gusta cómo ponés en palabras esa sensación que a veces sentimos cuando soñamos despiertos. Igual creo que las falacias poéticas pueden ser disparadores de realidades. El puntapié que solemos necesitar para animarnos a cambiar un presente mohoso.
Besos,linda.
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