Sonó el silbato justo cuando encarabas
directo al área. Era una jugada histórica, olías metro a metro la
gloria de la coronación futbolera. Te entregaste, aún sabiendo que
arrastrabas la lesión de menisco del torneo pasado. No te importó:
sentías el aliento de la hinchada, el siempre incómodo festejo de
vestuario. Estabas ahí, a metros. Pero el referí, que esa noche
sólo pensaba en las puteadas tribuneras, te cortó la inspiración.
Justito, con diez segundos más te sobraba. Puteaste en arameo, en
griego y en guaraní. Miraste a las gradas, casi como pidiendo perdón
o buscando alguna mirada cómplice que te acercara un amistoso: “Sé
que lo intentaste”. Pero nada, la nada. Sólo el consuelo del
director técnico que, con resignación quirúrgica, te alcanzó una botella de Gatorade ya
abierta y te remató con un triste: “Otra vez será, campeón”.

2 comentarios:
Se puede corregir el error, llegar al gol.
Se puede corregir el error, llegar al gol.
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