Qué
lindo sería volver a tener seis años y creer que para llegar al
cielo sólo alcanza con "una acera, una piedrita, un zapato y un
bello dibujo con tiza, preferentemente de colores". Convertirse
de nuevo en la tábula rasa de Freud, volver con el contador a cero.
Que todo, absolutamente todo, se esfume en segundos. Una nube, un
polvo, un algo tan chiquito que no podamos hacer trampa y guardar
nada, ni un recuerdo, en el bolsillo. Volver a cero, volver a creer.

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