El derechazo pegó de lleno en su cara.
Un plano en cámara lenta, repetido una y otra vez por los críticos
televisivos, mostró el segundo exacto en el que quedó knockout.
Todavía ni había besado el polvo del ring. Ahí, suspendido en el
aire, con las pupilas en blanco y la mente en agonía. Toda su
debilidad transmitida en vivo y por alta definición. Humano él.
Cayó fuerte. Aunque el ruido del peso muerto, cargado con 98 kilos de
pura hombría, se diluyó con los tímidos aplausos de la tribuna.
Sonó la campana final. Tendido en el suelo, todavía en la
misma posición, abrió sus ojos nublados, idos, aturdidos. Lo vio.
Vencedor. La mano derecha alzada. Escupió a un costado un poco de sangre. Llevó sus manos al
pecho, respiró profundo. Sonrió. Esto ya pasó y volverá a pasar.
Se la regaló.

3 comentarios:
knockeame todo
Todo bien con el anonimo pero si vas a aceptarle una invitación me indingo. Llevo un año tiroteándote y nada...
hola, yo me dejo pegar, soy calladito y te lavo los platos. un beso, la radio está buenísima.
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