jueves, 12 de mayo de 2016

Volver


Qué lindo sería volver a tener seis años y creer que para llegar al cielo sólo alcanza con "una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores". Convertirse de nuevo en la tábula rasa de Freud, volver con el contador a cero. Que todo, absolutamente todo, se esfume en segundos. Una nube, un polvo, un algo tan chiquito que no podamos hacer trampa y guardar nada, ni un recuerdo, en el bolsillo. Volver a cero, volver a creer.

jueves, 25 de febrero de 2016

Tan segunda vuelta


Y yo acá, tan cansada de todo, tan saturada de nada.
Y yo acá, tan flor amarilla, tan marchita.
Y yo acá, tan segunda vuelta, tan poca cosa.
Y yo acá, tan derrotada, tan sobre el piso del ring.
Y yo acá, tan lugar común, tan de manual.
Y yo acá, tan vacía, tan en proceso.
Y yo acá, tan ingenua, tan 20 poemas de amor.
Y yo acá, tan pasatiempo, tan capítulo.
Y yo acá, tan reflejo del pasado, tan en construcción.
Tan demasiado plural.

lunes, 1 de febrero de 2016

Abismos

Lo interesante de los abismos es que son imperfectos por definición. Se imponen absolutos, resueltos, enaltecidos por su propio orgullo. Pero es precisamente en la imperfección del abismo, en la contradicción de lo aparente, que las puntas se tocan, se unen, se funden bajo de un manto de oscuridad y aparente infinito. La contradicción de lo absoluto se desintegra e irrumpe con la violencia con la que las olas, siempre dispuestas a dar la batalla perdida, avanzan con violencia sobre la costa.

La nada, el todo

Borges me invita a ocultarme o huir. Cortázar me inunda de miedos abismales, fantasmagóricas representaciones de un subconsciente oscuro y con demasiado vuelo. Tal vez, más allá de mi dominio o alcance. Pizarnik me sugiere el silencio, el quiebre individual, el sufrimiento en voz bajita. Así, agachadita, escondida debajo de la mesa, casi como pidiendo permiso o disculpas. Neruda me propone un caramelo demasiado azucarado, lo mismo hace a la distancia Benedetti. Sabines me habla de desparpajo, de sábanas gastadas y placer penoso. Vian, siempre al alcance de la mano, me lleva a un mundo de ruta y libertad que no se condicen con las cadenas que me pusieron o me puse, quién sabe. La llave no está al alcance de mi mano y ese ya es motivo suficiente para dar por finalizada la búsqueda. No encuentro reflejo en las palabras. Y tal vez ese sea el verdadero sentido de la nada, del todo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Piedrita



Agarro la piedrita una vez más. Sin rebeliones, ni misterios. Vuelvo a agacharme, con la ingenuidad que sólo puede proyectar la mirada que aún no ha visto. Regreso al ritual casi perverso de la tiza y el asfalto, al punto de salida: la tierra. El cielo sigue allá, a lo alto y casi curvado por la perspectiva infantil que sólo el comienzo de la rayuela logra restituirnos. Aunque sea sólo por algunos instantes.
Flaquean las rodillas, el cuerpo traiciona, pero envalentonada por la necesidad de dar un gran salto -quién sabe a dónde, quién sabe por qué- suelto la piedrita. La libero de la transpiración y la prisión de mis manos. La incierta trayectoria se convierte pronto en liberación pura, con una pizca de pánico y otra de horror.
Y acá estoy. Una vez más, con los pies en la tierra y una asfixiante necesidad de llegar, aunque sea sólo por algunos instantes, al cielo.

domingo, 11 de octubre de 2015

De laberintos y otras cosas


El laberinto me divierte, no te lo voy a negar. Entrar, salir, dar vueltas. Siempre en el mismo lugar, pero sin tener jamás la certeza de en dónde se está. Pasar cinco veces por la misma esquina desdibujada y no notarlo, pasar inadvertido. De nada sirve esconderse. Esa, corazón, es la magia de los laberintos. No hay inicio, no hay final, no hay presente. La estructura fue armada a la perfección por una mente tan brillante como neúrotica. ¿A quién carajo se le ocurre diseñar semejante entramado de diagonales, cruces y perpendiculares? A nadie, sólo a un neurótico, asentís con una cerveza ya tibia en tus manos. Y ahí, en un intento por mantener el laberinto y no encontrar jamás la salida, saco chapa de los cuatro libros de psicoanálisis que compré en oferta en Parque Rivadavia. Lo llamativo del caso, -escuchá esta genialidad que me regala el whisky barato que recomendó el mozo al que jamás escuchamos- es que la propia definición de neurosis es un laberinto: todos lo somos, ergo: nadie lo es. Si la característica es común, se pierde la unicidad, la definición individual, respaldás, antes de meter toda tu humanidad en el bowl de aperitivos de dudosa procedencia. Y así, entre trago y trago, nos adentramos en otro laberinto semántico, una guerra fría lingüística que sólo toleraría Saussure. Y ni siquiera. Unicidad, resalto con desgano desde la otra punta de la mesa porque, como siempre, te negaste a sentarte al lado mío. La unicidad está sobrevaluada, desafiás, en un intento por cercar mi estructura emocional. Cortito y al pie. Cachetazo inesperado. Whisky raspando mi garganta. El bowl ya sin un puto maní. Y vos ahí, estoico, con el puñal en la mano y las gotas de sangre que caen lentamente sobre la mesa. Si lo que nos define es la unicidad, entonces coincidirás conmigo en que las definiciones están sobrevaluadas, te espeto. Manotazo de ahogado. As de basto sobre la frente. Te canté truco, cariño. Pero me olvidé, como siempre, que tus manos son más generosas que las mías.-

lunes, 28 de septiembre de 2015

Otra vez será, campeón


Sonó el silbato justo cuando encarabas directo al área. Era una jugada histórica, olías metro a metro la gloria de la coronación futbolera. Te entregaste, aún sabiendo que arrastrabas la lesión de menisco del torneo pasado. No te importó: sentías el aliento de la hinchada, el siempre incómodo festejo de vestuario. Estabas ahí, a metros. Pero el referí, que esa noche sólo pensaba en las puteadas tribuneras, te cortó la inspiración. Justito, con diez segundos más te sobraba. Puteaste en arameo, en griego y en guaraní. Miraste a las gradas, casi como pidiendo perdón o buscando alguna mirada cómplice que te acercara un amistoso: “Sé que lo intentaste”. Pero nada, la nada. Sólo el consuelo del director técnico que, con resignación quirúrgica, te alcanzó una botella de Gatorade ya abierta y te remató con un triste: “Otra vez será, campeón”.  

lunes, 18 de mayo de 2015

SOCIAL BLOOD: APLICACIÓN DE LA CRUZ ROJA QUE YA SALVÓ 77 VIDAS

SOCIAL BLOOD: APLICACIÓN DE LA CRUZ ROJA QUE YA SALVÓ 77 VIDAS


La Cruz Roja ecuatoriana y la agencia de publicidad Publicitas Saatchi & Saatchi desarrollaron una innovadora aplicación para telefonía celular que agiliza la donación de sangre al localizar en tiempo real potenciales donantes. A diferencia de los tradicionales llamados a la solidaridad en medios convencionales como la radio y la televisión, esta nueva herramienta se apoya en la geolocalización de los dispositivos móviles y permite encontrar en tiempo real a los donantes. Una vez notificados del pedido, los interesados reciben vía Google Maps la ruta directa hacia el centro de donación más cercano del lugar en donde se encuentran. En sólo 93 días, la aplicación ya salvó la vida de 77 personas. Es decir: una vida cada 28 horas.

CÓMO FUNCIONA LA APLICACIÓN
Una vez descargada, la aplicación conecta el número de serie específico del dispositivo móvil con el tipo de sangre del donante, permitiéndole a la Cruz Roja localizarlo en tiempo real por tipo de sangre y posición geográfica. Cada vez que se realiza un llamado específico, la aplicación cruza los datos y notifica a aquellas personas cuyos perfiles coincidan con los buscados. En ese mismo instante, el donante recibe una notificación y, al aceptarla, se le envía al instante una ruta vía Google Maps que le indica el centro de donación más cercano. La aplicación ya se encuentra disponible para Android en 'Play Store' y para los dispositivos Mac iOS en 'App Store' de Apple.

RESULTADOS AL MOMENTO Y CONTEXTO MUNDIAL
La aplicación comenzó a funcionar el pasado 14 de febrero en Ecuador y, desde entonces, ya fueron salvadas 77 vidas. Una cada 28 horas. De acuerdo con los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 9.3 millones de unidades de sangre recolectadas en América Latina y el Caribe, sólo el 41% procede de los donantes voluntarios. El desafío de la Cruz Roja es generar una red interactiva que permita unir al donante solidario con los pacientes que más necesitan de su ayuda, potenciando la solidaridad y minimizando el tiempo de espera.

VIDEO EXPLICATIVO E INFOGRAFÍA
Se puede descargar acá: http://bit.ly/1ebEUu1

sábado, 14 de febrero de 2015

Adiós al Marqués de la Falaguette, el primer chanchista


El caballero nos dejó su sombra y también su luz. ¡Qué cachetazo me diste, Carón! Marqués de la Falaguette, señor de los bigotes puntiagudos, mi Gran Pez. Guardo el inmenso caudal de palabras que tu despedida trajo a mi cabeza para un número más de Metafrasta: el tuyo, el nuestro, el mejor. Lo despido comandante, con la cabeza en alto y todavía con la convicción de que no soy disidente, sino una simple (y siempre compleja) chanchista. Lo despido haciendo uso de mi título nobiliario, el mismo que me inventó porque "una dama jamás puede salir a la calle sin su título". Me quedan los recuerdos, las palabras, las risas y sus borisvianezcas anécdotas. Pero los guardo porque sé, todos sabemos, que nos volveremos a encontrar cada vez que alguien metafrastee en algún lugar. Brindo por vos Carón, brindo por tus palabras. Por las que dijiste y las que callaste. Brindo porque la muerte sólo nos encuentra cuando nadie pronuncia nuestro nombre. Y en tu caso, querido chanchista (con un toque disidente y también lobista), eso nunca va a pasar. Acá va el brindis de la marquesa vizcondesa demediada, siempre en la búsqueda de algo más, siempre con la palabra adecuada.

jueves, 17 de abril de 2014

Cortázar y Paco Porrúa sobre el "gran cronopio" García Márquez


A Francisco Porrúa y Sara del Pino
Seignon, 4 de octubre de 1966

Llegaron los libros, los leeré este invierno, si le escribís decile que es un gran cronopio y que me conmueve su generosidad al mandarme sus cosas. Los libros describieron incontables parábolas hasta juntarse conmigo, y finalmente Tomás Segovia, de Mundo Nuevo, los mandó a Saignon desde donde los devolvieron a París. Si tenés la dirección de Gabriel, mandámela para escribirle. Gracias. Qué bueno que Sudamericana publique la novela de la que Mundo Nuevo publicó ese capítulo sensacional.

Yo también creo que García Márquez es el meteco ascendente que ves vos. Hacía mucho que no encontraba una prosa tan viva, tan caliente, tan fabulosamente inventiva. Pero cierto que los dos últimos libros de Fuentes, que leí en manuscrito y que están por aparecer, son también extraordinarios, sobre toda Cambio de piel.  

Julio

Cortázar sobre Gabo: "Los más viejos ya nos podemos morir, hay capitán para rato"




A Francisco Porrúa
Seignon, 4 de agosto de 1967


(...) Y, además, en esos cinco días de calma y trabajo, leí maravillado Cien años de soledad, cuyo envío te agradezco inmensamente. Desde luego le voy a escribir a Gabriel (cuyo doble guiñada de ojo a Fuentes y a mí, en sendos pasajes del libro, me conmovió mucho); te enviaré a vos la carta para que se la hagas llegar, porque no tengo su dirección. Qué libro increíble, Paco. En estos últimos años, no veo nada comparable a esa novela y a Paraíso de Lezama Lima en nuestras tierras. Desde Venecia, Fuentes me escribió igualmente entusiasmado. En fin, los más viejos ya nos podemos morir, hay capitán para rato.

Julio

La referencia a Rayuela en Cien años de soledad


“Aureliano, por su parte, no tenía más contacto con el mundo que las cartas del sabio catalán y las noticias que recibía de Gabriel, a través de Mercedes, la boticaria silenciosa. Al principio eran contactos reales. Gabriel se había hecho reembolsar el pasaje de regreso para quedarse en París, vendiendo los periódicos atrasados y las botellas vacías que las camareras sacaban de un hotel lúgubre de la calle Duphine. Aureliano podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que sólo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaban de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hombre, en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidos donde había de morir Rocamadour”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La monstruosa paradoja del amor entre Oliveira y la Maga

Fragmento de una carta que Julio Cortázar le envió a Jean Bernabé, escritor y linguista francés, luego de recibir una crítica tras la lectura de Rayuela. A continuación, el fragmento en donde analizan la tortuosa relación entre Horacio Oliveira y la Maga.


A JEAN BERNABÉ
París, 8 de mayo de 1965

Mi querido Jean:
(...) También creo que usted tiene razón cuando analiza la actitud amorosa de Oliveira. Pero claro que la Maga no es una mujer. Un hombre que busca en una mujer lo que parece buscar Horacio, la irrealiza automáticamente, la destruye como mujer; las catástrofes físicas y morales subsiguientes son un hecho fatal e irremediable. Horacio lo sabe, además, y por eso sus diálogos con la Maga tienen una ironía amarga todo el tiempo, un sabor a cosa ya muerta. Pero a la vez, porque Horacio es un gran infeliz en el doble sentido que le damos a la palabra en la Argentina, está enamorado de esa mujer que él ha convertido en un fantasma. Horacio usa a la Maga como si fuera otro instrumento para su tentativa de salto en lo absoluto. Cualquiera que haya tenido el menor comercio con las mujeres sabe de sobra que es el único uso condenado al fracaso absoluto. La mujer puede despertar en nosotros el sentimiento y la nostalgia de lo absoluto, pero a la vez nos retiene en la relatividad con una energía casi feroz. Pedirle que salte con nosotros es provocar la doble catástrofe. Horacio le pide, a su manera. La Maga responde, también a su manera. La monstruosa paradoja del amor es que, como se dice por ahí, es "dador de ser", enriquece ontológicamente, pero al mismo tiempo reclama un hic et nunc* encarnizado, prefiere la existencia a la esencia.

*Aquí y ahora.

Julio Cortázar, Cartas 1965-1968, Argentina, Alfaguara.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El día en el que Cortázar conoció a Borges (y viceversa)



Fragmento de una carta que Julio Cortázar le envió a su agente literario, Francisco Porrúa, uno de los principales colaboradores del boom latinoamericano del 60'. En su haber, Paco ostenta el título de haber editado Rayuela y Cien años de soledad.

A FRANCISCO PORRÚA
París, 30 de noviembre de 1964

Mi querido Paco: 
(...) No te podés imaginar cómo se me llenó el corazón de azucar y de agua florida y de campanitas, cuando, al cruzar el hall de la UNESCO con Aurora (Bernárdez, su primera mujer) para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Elena Vázquez*, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois. Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla. Mirá, fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte, ahí nomás me dijo: "Ah, Cortázar, a lo mejor, ¿no?, usted se acuerda, ¿no?, que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista, ¿no? ¿Cómo se llamaba la revista, che, cómo se llamaba?". Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez al que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordara con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo. Entonces le recordé a mi vez todo lo que eso había significado para mí, sobretodo porque él me había publicado sin conocerme personalmente, lo que le daba muchísimo más valor a la cosa. Y entonces Borges dijo: "Ah, sí, claro... Y usted a lo mejor se acuerda, ¿no?, que mi hermana Norah le hizo unos dibujos muy preciosos, ¿no?". En fin, che, yo estaba hecho un pañuelo. Después lo escuchamos a Borges en su conferencia sobre literatura fantástica, dicha en un francés excelente, y a los días vino a la UNESCO y les rajó una charla sobre Shakespeare que los dejó a todos mirando estrellas verdes. La chica Vázquez me arracó la lectura de dos cuentos para una emisión de Radio Municipal, y se fueron a España. Por supuesto, los periodistas se ingeniaron como siempre para hacerle decir a Borges cuatro pavadas sobre política, pero qué poco importa, o en todo caso, qué poco me importa.

*Cortázar se equivoca en el nombre: se refiere a María Esther Vázquez.

Julio Cortázar, Cartas 1955-1964, Argentina, Alfaguara.


martes, 29 de octubre de 2013

Inspiraciones cotidianas, para Julio Cortázar


Cortázar junto al pintor Eduardo Janquieres.
Hace tiempo, leyendo Clases de literatura, Berkeley 1980, descubrí que la década del cincuenta encontró a Julio Cortázar en un momento que calificó como “lúdico”. Con su desembarco parisino aparecieron, casi por arte de magia, los Cronopios, las Famas. El inicio de su era “fantástica” se vio potenciado con la publicación de Axolotl y Bestiario. Esta tarde, en algún trayecto del recorrido de la línea D, llegó a mí una explicación un tanto menos académica -y quizás, por ese motivo, más cercana- desde Cartas 1937-1954, compilación epistolar a cargo de Aurora Bernárdez, primera mujer del escritor. Descuento la recomendación de ambos libros y les acerco el momento en el que surgió la inspiración para una de las piezas literarias más simples y complejas que leí.

Aunque su publicación llegaría ocho años más tarde, el proceso creativo tuvo lugar en Roma, durante la primavera de 1954 en la que, para hacerle frente a sus gastos europeos, Cortázar trabajó en la traducción de la obra completa de Edgar Allan Poe para una editorial de Puerto Rico. Sin mayor preámbulo, les dejo un fragmento de la carta que le escribió a su amigo Eduardo Jonquières, pintor argentino.

Scala Santa, Roma, 2010.


A Eduardo Jonquières
Roma, 15/1/54

“El otro día se me ocurrió que si tengo tiempo y ganas, voy a escribir un Manual de instrucciones. Esto nació de Aurora (su primera esposa) y yo habíamos ido a San Giovanni in Laterano para seguir explorando el museo (que es fenomenal, incluso la parte etnográfica tan divertida, pero sobre todo los sarcófagos cristianos y lso mosaicos de las termas de Carcalla). Como faltaba un rato para que abrieran, libamos un timballo de lasagna en una tavola calda y nos metimos en el palacio de la Scala Santa. Tú sabrás que por dicha Scala se sube de rodillas, pues Santa Helena la importó a Roma después de sacarla de casa de Pilatos. Noté entre varias cosas notables, que vendían unos libritos con “instrucciones para subir la Scala Santa” y me pareció muy bien. Tan bien me pareció que me di cuenta hasta qué punto estamos huérfanos de buenas instrucciones para beber una tacita de café, por ejemplo, o para sentarse en una silla. Son cosas elementales -es decir profundas, o sea malentendidas. ¿Cómo se enciende un fósforo? ¿Tú sabes? No, tú lo enciendes. Pero, ¿y si del fósforo, por tu torpeza, te brota una enorme cebolla de verdeo? Etc, etc. Reconoce, con todo, que el Manual se impone. Alguien tendría que escribirlo. (Un inglés, probablemente)”.

domingo, 25 de agosto de 2013

Humilde homenaje a un grande: Julio Cortázar


Gracias por los cronopios y por las famas. Guardamos las esperanzas para ver qué hay más allá de la continuidad de los parques. Será la nostalgia de la infancia, el recuerdo de la Rayuela lo que nos lleva a perseguir, sin que se culpe a nadie, a un tal Lucas. Nos enseñaste las armas secretas del lenguaje para que rompiéramos las formas, los usos y las costumbres de lo hegemónico. Desplomaste al octaedro de Becquer y Benedetti. Formaste a un bestiario dispuesto a batallar tus dudas existenciales heredadas por un tal Oliveira y algún Manuel que pasó por la rue de Seine. Viviste a deshora, te anticipaste a tus tiempos. Nos hiciste querer a Glenda y reírnos tanto con la Maga. Abanderado de lo lúdico, procurador de instrucciones. Tomaste mi casa, mi biblioteca y mi cabeza. Hiciste que cada flor amarilla se convirtiera en un puente, tal vez el Pont des Arts, hacia la eternidad. Nos hiciste pasar horas buscando al Axolotl e invertimos la noche boca arriba imaginando los venenos del jazmín o los reproches del Club de la Serpiente. De tu mano, dimos la vuelta al día en ochenta mundos y disfrutamos del goce casi perverso de hallar un manuscrito en un bolsillo. Fuiste tu propio ídolo de las Cícladas en plena apocalipsis de Solentiname (con cuadros, colores, estallidos y todo). Nos embarcaste en la autopista del sur, sin preparación para el viaje. Y hacia el final de juego, justo en el último round, llegaste a la otra orilla y abriste las puertas del cielo, del otro cielo. Feliz cumpleaños Julio, se te echa de menos.

lunes, 20 de mayo de 2013

Mi cable a tierra



Gi: “Hola”
m.: “Perdoná que te joda, pero sos la única persona con la que puedo compartir esto”
Gi: “¿Qué pasó?”
m.: “Se me pegó una canción que dice así: 'Metete tu cariño en el culo, metete tu cariño en el culo'”
Gi: “Gracias por tanto”
m.: “De nada, nos vemos”
Gi: “Beso”

martes, 14 de mayo de 2013

Mercenario



Dedicame tu última bala. Dale, dispará. Poné el gran ancho de espada sobre la mesa y cantame truco de una buena vez por todas. Levantá tu cabeza, sostené la mirada. Animate, dale. Batime a duelo, enfrentame, crucificame, cercename. Despedazame con detalle quirúrgico. Gajo por gajo, nervio por nervio. Disfrutá del perverso placer de la dominación física. Escupime. Cumplí tu fantasía y dispará. Destrozá mi humanidad en segundos. Reducime a un charco de sangre y materia gris. Pero recordá una sola cosa: mi ausencia no te va a salvar de tu destino de hombre común. Obrero del discurso.